Ecos de la Palabra

Textos bíblicos, comentarios y reflexiones pastorales

Que se haga en ustedes conforme a su fe

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ciego

Adviento

Viernes de la primera semana

Textos

+ Del evangelio según san Mateo (9, 27-31)

Cuando Jesús salía de Cafarnaúm, lo siguieron dos ciegos, que gritaban: “¡Hijo de David, compadécete de nosotros!” Al entrar Jesús en la casa, se le acercaron los ciegos y Jesús les preguntó: “¿Creen que puedo hacerlo?” Ellos le contestaron: “Sí, Señor”.

Entonces les tocó los ojos, diciendo: “Que se haga en ustedes conforme a su fe”. Y se les abrieron los ojos.

Jesús les advirtió severamente: “Que nadie lo sepa”. Pero ellos, al salir, divulgaron su fama por toda la región. Palabra del Señor.

Voz: Marco Antonio Reyes Fernández
Fondo Musical: P. Martín Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje[1]

El texto del evangelio que contemplamos este día esta precedido por la profecía de Isaías que anuncia una gran transformación, obra de Dios, que toca la vida de quienes sufren haciéndoles pasar de las tinieblas a la luz, curándoles de situaciones de sordera y de ceguera profunda y liberándoles de la marginación e incomprensión consiguientes. La transformación que Dios actúa lo toca todo: en la naturaleza, las enfermedades físicas y el ámbito moral y religioso, para que impere la justicia.

La salvación provoca ante todo el gozo de los «humildes». El término, cargado de valor teológico, no sólo sociológico, designa a los que en el momento de la angustia confían en el Señor y perseveran en la espera de la salvación que viene de él. Con el gozo de los necesitados y humildes y con la desaparición de los violentos, cínicos e impostores, la obra del Señor llega a su culmen.

En la comprensión religiosa de los judíos, una de las obras del Mesías consiste en dar visita a los ciegos, como signo de la salvación definitiva, anunciada por los profetas. La narración de Mateo acerca de la curación de dos ciegos pone de relieve el tema de la autoridad de Jesús y la fe del discípulo. La fe de quien busca la curación en Jesús se expresa sobre todo con el seguimiento y se convierte en súplica insistente, confiada.

Jesús llega a su casa, lo siguen los ciegos que entran también a las casa del Maestro. El Señor los hace sentirse en casa, les permite acercarse como para sugerir que sólo se logra la luz de la fe si se entra en la comunidad creyente y si nos acercamos a él para entrar en comunión con su persona escuchando su Palabra. En esta casa aparece una especie de examen sobre la fe, entendida como confianza en el poder salvador de Jesús.

 

 

[1] G. Zevini – P.G. Cabra, Lectio divina para cada día del año. Vol. 1, 77-78.

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