Ecos de la Palabra

Textos bíblicos, comentarios y reflexiones pastorales

El que cumpla la voluntad de mi Padre entrará en el Reino de los cielos

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casa construida sobre roca

Adviento

Jueves de la I semana

Textos

+ Del evangelio según san Mateo (7, 21.24-27)

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “No todo el que me diga ‘¡Señor, Señor!’, entrará en el Reino de los cielos, sino el que cumpla la voluntad de mi Padre, que está en los cielos.

El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica, se parece a un hombre prudente, que edificó su casa sobre roca.

Vino la lluvia, bajaron las crecientes, se desataron los vientos y dieron contra aquella casa; pero no se cayó, porque estaba construida sobre roca.

El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica, se parece a un hombre imprudente, que edificó su casa sobre arena. Vino la lluvia, bajaron las crecientes, se desataron los vientos, dieron contra aquella casa y la arrasaron completamente”. Palabra del Señor.

Voz: Marco Antonio Reyes Fernández
Fondo Musical: P. Martín Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje[1]

Jesús está a punto de concluir el «discurso de la montaña». ¿Qué peso dar a esas palabras? Muchas veces, ante la palabra evangélica pasamos de largo, la acogemos pero la consideramos abstracta, o bien bella pero imposible de acoger tal y como es. Pero Jesús advierte claramente a quienes le escuchan que esas palabras son fundamentales en el sentido literal del término, es decir, son las que fundan la vida nueva. Son la verdad, la esencia, la realidad más sólida para vivir.

En un mundo cada vez más liquido, a merced de los sentimientos individualistas, esas palabras son la verdadera roca sobre la que edificar la vida. Y Jesús propone dos imágenes sobre cómo acoger su palabra. No se trata solo de escucharla sino de ponerla en práctica: «El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica, se parece a un hombre prudente, que edificó su casa sobre roca», mientras que quien «no las pone en práctica, se parece a un hombre imprudente, que edificó su casa sobre arena».

El ejemplo continúa: cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos y embistieron contra aquellas dos casas. Jesús habla de las tempestades de la vida: las tentaciones que nos asaltan, las dificultades que se abaten sobre nosotros, los problemas que nos atormentan, y así sucesivamente. La casa edificada sobre roca, es decir, una vida marcada por la fidelidad al Evangelio y al amor, se mantiene firme; la otra, sin embargo, edificada sobre la arena, se derrumba inexorablemente.

Y ¿qué es la arena sino ese innumerable número de vicios, de defectos, de instintos que vuelven muchas veces nuestra vida vacía y banal? Solo si sabemos acoger con fe la palabra evangélica podremos edificar nuestra vida y la de nuestros hermanos sobre una base estable.

El Señor nos invita cada día a alimentarnos de la palabra del Evangelio para fundar nuestra vida no sobre nosotros mismos o sobre nuestra arrogancia, que, como la arena, son algo inconsistente y voluble, sino sobre la Palabra de Dios, verdadera roca y fundamento de nuestra existencia.

 

[1] V. Paglia – Comunidad de Sant’Egidio, La palabra de Dios cada día, 2018, 17-18.

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