Ecos de la Palabra

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Si se mantienen firmes, conseguirán la vida

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Jesus en el templo 2Tiempo Ordinario

Domingo de la XXXIII semana Ciclo  C

Textos

† Del evangelio según san Lucas (21, 5-19)

En aquel tiempo, como algunos ponderaban la solidez de la construcción del templo y la belleza de las ofrendas votivas que lo adornaban, Jesús dijo: “Días vendrán en que no quedará piedra sobre piedra de todo esto que están admirando; todo será destruido”.

Entonces le preguntaron: “Maestro, ¿cuándo va a ocurrir esto y cuál será la señal de que ya está a punto de suceder?” El les respondió: “Cuídense de que nadie los engañe, porque muchos vendrán usurpando mi nombre y dirán: ‘Yo soy el Mesías. El tiempo ha llegado’.

Pero no les hagan caso. Cuando oigan hablar de guerras y revoluciones, que no los domine el pánico, porque eso tiene que acontecer, pero todavía no es el fin”.

Luego les dijo: “Se levantará una nación contra otra y un reino contra otro. En diferentes lugares habrá grandes terremotos, epidemias y hambre, y aparecerán en el cielo señales prodigiosas y terribles.

Pero antes de todo esto los perseguirán a ustedes y los apresarán; los llevarán a los tribunales y a la cárcel, y los harán comparecer ante reyes y gobernadores, por causa mía. Con esto darán testimonio de mí.

Grábense bien que no tienen que preparar de antemano su defensa, porque yo les daré palabras sabias, a las que no podrá resistir ni contradecir ningún adversario de ustedes.

Los traicionarán hasta sus propios padres, hermanos, parientes y amigos. Matarán a algunos de ustedes y todos los odiarán por causa mía.

Sin embargo, no caerá ningún cabello de la cabeza de ustedes. Si se mantienen firmes, conseguirán la vida”. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje[1]

El ministerio de Jesús en Jerusalén culmina con el “discurso escatológico”, la enseñanza sobre el fin. Nos situamos en el Templo de Jerusalén. El tema de la conversación es la decoración interna, el auditorio de Jesús son sus discípulos y una multitud.

La primera impresión del discurso es negativa, sólo leyéndolo atentamente se descubre que lleva entreveradas palabras positivas, como luces en medio de la oscuridad; su finalidad no es atemorizar sino sostener la esperanza de los discípulos, para que permaneciendo fieles en la crisis, maduren para la vida plena.

Este domingo leemos la primera sección del discurso; distinguimos tres partes: el anunció de la destrucción del Templo; la advertencia de no dejarse confundir sobre la llegada del fin y los tiempos difíciles como oportunidad para dar testimonio. Veamos cada una de ellas.

El anuncio de la destrucción del Templo

La trama de nuestro texto parte de un comentario elogioso sobre el esplendor del Templo; Jesús anuncia que en los días porvenir el Templo será completamente destruido. Leemos: «En aquel tiempo, como algunos ponderaban la solidez de la construcción del templo y la belleza de las ofrendas votivas que lo adornaban, Jesús dijo: “Días vendrán en que no quedará piedra sobre piedra de todo esto que están admirando; todo será destruido”.»

El Templo de Jerusalén llamaba la atención de propios y extraños. Su arquitectura y la belleza de las ofrendas votivas es motivo de admiración. El último reconstructor del Templo fue Herodes el Grande, el que reinaba cuando el nacimiento de Jesús. Este rey era de origen idumeo y quiso ganarse el favor de sus súbditos promoviendo la construcción de un templo de grandes dimensiones. Lo construyó sobre el mismo lugar en el que Salomón había construido el primer Templo y sobre la primera reconstrucción que se hizo sobre el templo de Salomón después del retorno del exilio, en tiempo de Esdras y Nehemías.

El lugar y la construcción tenían pues un gran significado para los judíos del tiempo de Jesús; entonces, la construcción del Templo estaba bastante avanzada, si bien no completamente terminada. La gente que acudía a Jerusalén, muchos como peregrinos, no podían otra cosa que admirar esa gran edificación, que tenía lo mejor en materiales y decoración.

Jesús replica a los comentarios que hace la gente anunciando un cambio de situación: lo que ahora la gente contempla, será destruido al grado de no quedar piedra sobre piedra. Con su mensaje Jesús dice que no hay que sentirse absolutamente seguros por el hecho de tener un Templo, porque éste, un día será destruido.

La enseñanza de Jesús que habla de los días que vendrán se refiere no un día preciso de la destrucción del templo, sino a un período de abatimiento en el que todo esto sucederá.

La advertencia de no dejarse confundir sobre la llegada del fin

En la mentalidad judía de la época se pensaba que la destrucción del Templo sería uno de los signos del fin de los tiempos; por eso la pregunta sobre la llegada del fin de la historia pasa a ocupar el centro de la atención. La gente plantea dos preguntas a Jesús a las que Él responde.

Veamos las preguntas que se plantean a Jesús. Dice el texto: «Maestro, ¿cuándo va a ocurrir esto y cuál será la señal de que ya está a punto de suceder?»

A Jesús se le interpela en calidad de Maestro, se le pregunta cuándo sucederá y cuáles señales anunciarán el fin. No se le pregunta por un solo acontecimiento, sino por los acontecimiento distintivos de los últimos días.

Por eso, la respuesta Jesús va más allá del asunto del Templo y se extiende en la enumeración de signos apocalípticos que ya estaban en la mentalidad popular y que tenían que ver con desgracias. Pasaba lo mismo que pasa en nuestros tiempos: cuando hay calamidades se piensa que es el fin del mundo.

No podemos perder de vista, si queremos entender al evangelista san Lucas, que la suerte del Jerusalén, la ciudad santa, está vinculada a la suerte del Templo, que simboliza la Alianza de Dios con su pueblo.

Veamos ahora la respuesta de Jesús. Se desarrolla en dos partes: en la primera, advierte contra los charlatanes que se harán pasar por falsos mesías y en la segunda, se refiere a la realidad de la violencia que describe en tres niveles progresivos de conflictividad.

Advertencia contra los charlatanes que se harán pasar por falsos mesías.

Dice el texto: «El les respondió: “Cuídense de que nadie los engañe, porque muchos vendrán usurpando mi nombre y dirán: ‘Yo soy el Mesías. El tiempo ha llegado’. Pero no les hagan caso.»

Llama la atención que Jesús habla fuerte, con imperativos, lo que indica que su enseñanza debe quedar inculcada en los oyentes. Jesús se muestra preocupado por la fragilidad de sus seguidores.

En tiempos de dificultad es muy fácil ser engañados, caer en manos de vividores que se aprovechan de la situación, de charlatanes que se aprovechan de las calamidades para anunciar el fin del mundo ofreciendo rescatar a quienes no quieran perecer en los eventos finales.

El verbo está en plural «vendrán muchos», con lo que se indica que estos charlatanes florecerán por todas partes, se presentarán en distintos momentos de la historia hablando en nombre de Jesús y presentándose como mesías, portadores de mensajes de parte de Dios, hablando de que «el tiempo ha llegado» para ganar discípulos que se adhieran a ellos, esperando ser salvados. El libro de los Hechos de los Apóstoles narra situaciones similares.

La realidad de la violencia. Tres niveles progresivos de conflictividad

Los discípulos no deben dejarse engañar; además deben estar atentos para no escandalizarse ante la realidad del mal en el mundo. Cuando hay guerras o desastres naturales, hay muerte; si bien hay que evitarla, no significa un aviso de parte de Dios de que ha llegado el fin del mundo. En el texto que leemos se van describiendo eventos trágicos de menor a mayor escala, con ello se indica que el fin no es inmediato.

El primer nivel. Conflictos locales. Dice el texto: «Cuando oigan hablar de guerras y revoluciones, que no los domine el pánico, porque eso tiene que acontecer, pero todavía no es el fin.» En distintos momentos, los discípulos escucharán hablar de guerras e insurrecciones; es probable que Lucas esté pensando en la guerra judía que culminó en el año 70 d.C., período en el que se presentaron falsas profecías e interpretaciones equivocadas de los signos de los tiempos. Si bien estos hechos lamentables tienen que acontecer, no indican que el fin ha llegado, es apenas el comienzo de un largo tiempo.

El segundo nivel. Conflictos internacionales. Dice el texto: «Luego les dijo:Se levantará una nación contra otra y un reino contra otro.» Después de una breve pausa en el discurso, indicada por la partícula «luego les dijo’» Jesús retoma el realismo de la descripción de situaciones de violencia. Los discípulos no deben aferrarse. Estos eventos deben suceder, no significa que ha llegado el fin; al discípulo corresponde ubicarse en ellos como tal, sin dejarse paralizar por el miedo y sin poner en riesgo su fidelidad.

El tercer nivel. Conflictos naturales en el cielo y en la tierra. Dice el texto: «En diferentes lugares habrá grandes terremotos, epidemias y hambre, y aparecerán en el cielo señales prodigiosas y terribles.» Es propio de la literatura apocalíptica hablar de terremotos y eventos climáticos que acaban con las cosechas y provocan hambrunas. Junto a los desastres de la tierra se anuncian signos terribles en el cielo, refiriéndose a fenómenos inusuales que los astrónomos no consiguen explicar. Los signos cósmicos también pertenecen a los típicos signos de la narrativa apocalíptica. Sin embargo, aunque son signos del fin, no son el fin, el hecho de que acontezcan no significa que el fin ha llegado.

Los tiempo difíciles, una oportunidad para dar testimonio

El discurso de Jesús continúa; ahora sitúa a los discípulos advirtiéndoles lo que sucederá «antes de todo esto…» para que sepan ubicarse dentro de ese escenario de violencia y conflictividad que se da en el tiempo que transcurrirá entre el ministerio de Jesús y el retorno glorioso del Señor al fin de la historia.

También por causa de la fe se sufre violencia. Jesús nos invita a ver bajo esta nueva perspectiva la era de los mártires.

En las situaciones de dificultad es más peligroso sucumbir cuando estamos expuestos a la tentación de ceder en la fe que ser engañados o confundidos sobre el fin del mundo.

Los escenarios de persecución que amenazan la fe y el testimonio de los discípulos son dos: el arresto y el juicio en los tribunales y la traición en la familia y el odio generalizado.

El arresto y el juicio en los tribunales. Dice el texto: «…los perseguirán a ustedes y los apresarán; los llevarán a los tribunales y a la cárcel, y los harán comparecer ante reyes y gobernadores, por causa mía. Con esto darán testimonio de mí.» La violencia y la conflictividad que se ha descrito tiene una antesala: la violencia contra los discípulos por causa de su fe en Jesús. La persecución es una ocasión para dar testimonio de Jesús. Lo importante es que este es el tiempo del testimonio. Hay que aprender de los mártires.

Los discípulos serán llevados a los tribunales y a las cárceles, Jesús les enseña como reaccionar. Dice el texto: «Grábense bien que no tienen que preparar de antemano su defensa, porque yo les daré palabras sabias, a las que no podrá resistir ni contradecir ningún adversario de ustedes.» El comportamiento que se espera de los discípulos en las penosas situaciones que enfrentarán ante los jueces debe ser consecuente con su fe.

Los que sufren por el nombre de Jesús, reciben ánimo y sabiduría de parte de él; por ello, no hay que dejarse dominar por la ansiedad, pues Jesús promete que él mismo «dará palabras sabias», por tanto no tienen que preparar ningún discurso, pues el que les sea inspirado será irresistible e irrefutable para sus adversarios.

La traición en la familia y el odio generalizado. Dice el texto: «Los traicionarán hasta sus propios padres, hermanos, parientes y amigos. Matarán a algunos de ustedes y todos los odiarán por causa mía.» La situación se torna cruel cuando la persecución procede de los seres queridos y se desborda en el rechazo generalizado que reciben los discípulos de Jesús. La violencia es como un espiral que sube desde la familia y va contagiando los diversos estamentos de la vida social. Aquí se habla de una violencia que se sufre por causa de la fe: el motivo es la lealtad a Jesús, que pone al descubierto otras falsas lealtades.

La enseñanza de Jesús sobre cómo reaccionar. Dice el texto. «Sin embargo, no caerá ningún cabello de la cabeza de ustedes. Si se mantienen firmes, conseguirán la vida» Jesús describe duras verdades. El discípulo debe ser sólido en su fe y en su testimonio. Los sucesos de violencia y de conflicto no pueden debilitarlo. Permaneciendo firmes es como alcanzarán la vida resucitada.

El don y el esfuerzo confluyen en el camino de la fe. El discípulo, al igual que Jesús que se abandonó en las manos del Padre, se siente seguro de la fidelidad de Dios. Dios cuida de los suyos, al grado que en las situaciones difíciles «no caerá ningún cabello de la cabeza de ustedes»; estas son las palabras que necesita oír el discípulo y apóstol de Jesús. Los conflictos parecerán grandes, la muerte de los hermanos ignominiosa, pero la comunidad de discípulos no debe perder su confianza en Jesús.

Además del don de Dios, se requiere el esfuerzo del discípulo. Dice el texto: «Si se mantienen firmes, conseguirán la vida». En el fondo se apela a la virtud de la paciencia y a la entereza del carácter como características del discípulo que sabe cargar la propia cruz. Jesús espera que sus discípulos perseveren en la fidelidad así como él lo hizo y de esa forman alcanzarán la plenitud de la vida. La carta de presentación de un discípulo es: perseverar con el Señor en sus pruebas; de él se espera el fruto de la perseverancia, ésta es el resultado de la semilla de la Palabra que sembró en la tierra buena del corazón del discípulo.

Conclusión

Ninguno de los acontecimientos terribles que enumera el evangelio son exclusivos de un período histórico particular; tampoco las persecuciones. Lo que si es válido es que en medio de las situaciones difíciles debe resplandecer la luz de la fe y manifestarse la fuerza del testimonio.

Los discípulos de Jesús no somos inmunes a las crisis de la humanidad, pero en medio de ellas no podemos, no debemos, sucumbir ni por estrés, ni por escándalo, ni por adormecimiento, ni buscando la seguridad de falsas espiritualidades, superficiales, que ignoran la realidad de la vida, o llevan a fugarse de ella; por el contrario, se espera de nosotros la capacidad de movilizar la evangelización, el anuncio de la Buena Nueva en las situaciones más desesperantes, con la fuerza de los profetas.

En medio de las dificultades del mundo, se espera que los discípulos del Señor se manifiesten como profetas, que encaren con realismo histórico y fe madura la violencia y los conflictos del presente y del futuro, para alcanzar la plena libertad. Ciertamente habrá dificultades, pero cuentan con la asistencia del Señor para vivir las bienaventuranzas y ser ante el mundo un signo de esperanza.

 

 

 

 

 

[1] F. Oñoro. Cuando los tiempos se ponen difíciles. Discernimiento, fe y testimonio perseverante. Lucas 21, 5-19. CEBIPAL/CELAM.

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