Ecos de la Palabra

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Zaqueo, bájate pronto, porque hoy tengo que hospedarme en tu casa

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ZaqueoTiempo Ordinario

Domingo de la XXXI semana

Textos

† Del evangelio según san Lucas (19, 1-10)

En aquel tiempo, Jesús entró en Jericó, y al ir atravesando la ciudad, sucedió que un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de conocer a Jesús; pero la gente se lo impedía, porque Zaqueo era de baja estatura. Entonces corrió y se subió a un árbol para verlo cuando pasara por ahí. Al llegar a ese lugar, Jesús levantó los ojos y le dijo: “Zaqueo, bájate pronto, porque hoy tengo que hospedarme en tu casa”.

El bajó enseguida y lo recibió muy contento. Al ver esto, comenzaron todos a murmurar diciendo: “Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador”.

Zaqueo, poniéndose de pie, dijo a Jesús: “Mira, Señor, voy a dar a los pobres la mitad de mis bienes, y si he defraudado a alguien, le restituiré cuatro veces más”. Jesús le dijo: “Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque también él es hijo de Abraham, y el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que se había perdido”. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje[1]

Este Domingo el evangelio nos permite acercarnos al itinerario de conversión de Zaqueo el publicano y descubrir el corazón misericordioso de Jesús que con gestos y palabras se presenta como Buen Pastor.

El domingo pasado, contemplamos la oración de un publicano en el templo que con los gestos y palabras con las que se describía, nos dejaba conocer que había vivido un proceso de transformación interna. ¿cómo sucedió este cambio? ¿cómo fue posible?

El relato del encuentro entre Jesús y Zaqueo, es breve y conciso, su contenido es extraordinario; detengámonos en algunos detalles que nos permitan apropiarnos la Palabra, mediante la meditación, la oración y la contemplación.

Contexto

El relato concentra los grandes temas del evangelio de san Lucas

El relato que contemplamos nos presenta una historia que es “modelo” del encuentro con Jesús que desemboca en un itinerario de conversión y discipulado misionero.  En el relato aparecen muchos de los grandes temas del evangelio de Lucas que hemos considerado a lo largo de este año.

Jesús va camino a Jerusalén, lo hemos visto entrar en casas y ciudades y de llevar la Buena Nueva del Reino en ámbitos distintos; la casa y la ciudad están presentes en el relato de Zaqueo. El tema central de Lucas es la misericordia, presentado magistralmente en las parábolas de la oveja, la moneda y del hijo pródigo, cuya enseñanza se concreta en la historia de Zaqueo. Lo dicho por el evangelio sobre los publicanos y pecadores que se acercaban a Jesús para oírle y que Él los acogía y comía con ellos, se realiza en esta hermosa historia, en la que Jesús, a pesar de las críticas, busca a un pecador que estaba perdido.

El rescate de la oveja perdida se vive en el doble proceso de la búsqueda-encuentro y conversión-salvación. Jesús busca a Zaqueo, quien a su vez se contenta con verlo pasar; Jesús ofrece a Zaqueo la salvación, quien la acoge cambiando su vida. Para una mejor comprensión, es importante detenerse en los verbos que estructuran el relato.

Lucas presenta la insistencia de Jesús a sus discípulos de que tengan una recta relación con los bienes materiales -dones de Dios para vivir y para hacer el bien-,  les ha advertido que cuando esta relación es desordenada se acaba sacando a Dios y al prójimo de la vida por lo que es difícil para los ricos entar el en Reino de Dios; ante esta enseñanza los discípulos exclamaron: entonces, ¿quién se podrá salvar? El relato de Zaqueo, cuya conversión representa un algo grado de dificultad, nos deja ver una vez más cómo lo que es imposible para los hombres es posible para Dios; Jesús declara la llegada de la salvación de Dios a casa de Zaqueo.

Todo el evangelio de Lucas es un itinerario de formación de los discípulos del Señor. Ahora vemos como Zaqueo entra en el discipulado del evangelio mediante la escucha pronta de la Palabra del Maestro y su inmediata aplicación. El evangelio entra en el corazón de Zaqueo transformando su codicia en un impulso de gran generosidad, manifestando su disposición a hacer el bien con “el dinero tan lleno de injusticias”, compartiéndolo con los más pobres.

El contexto inmediato del relato

Jesús va camino a Jerusalén, el evangelio nos aproxima al momento culminante del ministerio de Jesús, que como enviado del padre, ofreció a todos la alegría del evangelio, incluidos publicanos y pecadores, pobres y ricos.

En la escena inmediata anterior a la que hoy contemplamos, Jesús al llegar a Jericó encuentra a un ciego que vivía en los márgenes de la ciudad, pidiendo limosna, lo cura y al despedirlo le dice «vete, tu fe te ha salvado» (Lc 18, 42). Ahora será salvado Zaqueo, en el corazón de la ciudad, presentado desde el principio como cobrador de impuestos, por tanto, pecador, y rico, cuya conversión representa un caso sumamente difícil.

Es interesante notar el movimiento del evangelio: del anuncio de la salvación al pobre, pasamos al anuncio de la salvación al rico; de la periferia, pasamos al corazón de la ciudad. Jesús no desaprovecha ninguna oportunidad ni ámbito en su camino a Jerusalén, se manifiesta como Buen Pastor, buscando celosamente a sus ovejas.

El Texto

Se estructura en tres momentos: la presentación de los personajes y el contexto geográfico; el encuentro de Jesús y Zaqueo en el camino y el diálogo que ambos tienen en casa de Zaqueo.

Presentación de los personajes y su contexto geográfico

La escena se ubica en Jericó, una de las ciudades más antiguas del mundo, un oasis verde y fresco en el desierto. Se encuentra en la gran depresión del Jordán, cerca de su desembocadura en el mar muerto. En la ciudad había un barrio sacerdotal y Herodes tenía en ella un palacio de verano. Es paso obligado para los peregrinos que del norte viajan con destino a Jerusalén; es ciudad fronteriza para quien cruza de Palestina a la región de Perea y viceversa, por lo tanto, es un centro aduanero. Por todo esto, Jericó es un centro comercial de gran actividad; requería un buen número de cobradores de impuestos y por supuesto de un jefe, que en este caso era Zaqueo. El evangelista nos dice que la escena se desarrolla mientras Jesús iba «atravesando la ciudad».

Zaqueo es presentado en dos dimensiones existenciales, la pública, la que todos conocen y juzgan y la interior, la que sólo él conoce y que explica su búsqueda.

Por lo que ve a la dimensión pública, e evangelio nos dice de él que se trataba de «un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico». A diferencia de otros relatos, el evangelio recoge su nombre, que es una abreviación de Zacarías que significa “el justo”. Su nombre es judío, indica que pertenece a la descendencia de Abraham y desde esta perspectiva será juzgado por sus hermanos de nación como un pecador, pues transgrediendo la ley se agenció el oficio prohibido de cobrar impuestos para el César. Es un hombre rico, tenido por algunos por corrupto, pues sacaba provecho en las transacciones por medios fraudulentos.

Por lo que ve a la dimensión interior de Zaqueo el evangelio nos dice que «trataba de conocer a Jesús; pero la gente se lo impedía, porque Zaqueo era de baja estatura» Zaqueo trataba de conocer a Jesús, lo buscaba, esto revela la inquietud interior que tenía. Lucas ya había presentado a otro hombre que quería conocer a Jesús, a Herodes, (Lc 9,9), que tenía curiosidad, pero que no dio el salto cualitativo de la fe. Zaqueo busca, su motivación parece sincera; es posible que el punto de partida también fuera la curiosidad, pero la encauza de manera correcta. Ya el evangelio nos había dicho que Jesús era amigo de publicanos y pecadores, que se sentaba a la mesa con ellos; es probable que Zaque haya querido entrar en este grupo de amigos de Jesús.

Aunque Zaqueo quiere ver a Jesús, tiene un gran impedimento a causa de la multitud y de su baja estatura; la multitud le impide acercarse y la baja estatura le impide ver; pero los impedimentos no lo detienen. Zaqueo toma altura para superar el obstáculo de la multitud y para situarse en un lugar, aunque inapropiado para su dignidad publica, que le permitiese ver pasar a Jesús: se subió a un sicómoro, árbol siempre verde y de sabrosos frutos comestibles.

El encuentro en el camino

Esta sección, se estructura en cuatro partes: lo que hace Zaqueo, lo que hace Jesús; la reacción de Zaqueo y la reacción de la multitud.

Lo que hace Zaqueo. Dice el texto: «Entonces corrió y se subió a un árbol para verlo cuando pasara por ahí.» Zaqueo por propia iniciativa hace lo que está a su alcance; se adelanta a la multitud que rodea a Jesús y sube al árbol. El gesto de Zaqueo es práctico, sin embargo, no sabemos si lo que pretendía era pasar desapercibido, pues no era coherente con su posición ser encontrado arriba de un árbol.

Lo que hace Jesús. Dice el texto: «Al llegar a ese lugar, Jesús levantó los ojos y le dijo: “Zaqueo, bájate pronto, porque hoy tengo que hospedarme en tu casa». Jesús ve a Zaqueo, se fija en él, y no sólo, además, se hizo invitar por él a su casa; esto debió haber sido una gran sorpresa para Zaqueo, a quien el Señor llama por nombre propio, lo que era perfectamente posible por tratarse de un personaje importante en la ciudad. Jesús le manda bajar del árbol, le pide que no pierda tiempo; la advierte que quiere hospedarse en su casa en términos que en otros pasajes del evangelio se refieren a la apremiante realización del proyecto de Dios. La acción de Jesús es presente, el “hoy” hay que tomarlo literalmente, pero también referido al tiempo del cumplimiento del plan de salvación de Dios. La petición de hospedaje implica el quedarse a vivir, indica acogida, amistad, compartir, como lo hicieron los discípulos de Emaús con el forastero (Lc 24,29), Simón el curtidor con Pedro (Hech 9, 43), Lidia, con Pablo (Hech 16,15). Jesús corresponde con sus gestos y palabras a la inquietud mostrada por Zaqueo.

La reacción de Zaqueo. Dice el texto: «El bajó enseguida y lo recibió muy contento». Zaqueo hace lo que Jesús le pide: obedece su Palabra; acoge a Jesús en su casa y lo hace con alegría. A la iniciativa de Jesús corresponde la prontitud de Zaqueo. Jesús viene a compartir su hogar como un signo de amistad y de perdón. Es el comienzo del discipulado; los discípulos de Jesús son hombres y mujeres que no son perfectos, mas aún, son pecadores que han experimentado el amor misericordioso del Señor, se han convertido y han decidido seguirlo. La alegría de Zaqueo constrasta con la murmuración de la multitud.

La reacción de la multitud. Dice el texto: «Al ver esto, comenzaron todos a murmurar diciendo: “Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador». Inmediatamente aparecen las objeciones; quienes han visto lo sucedido, comienzan a criticar; no son sólo los fariseos, es la multitud, pues según la mentalidad popular hospedarse en casa de un tipo como Zaqueo, era poco menos que compartir su pecado.

El diálogo en casa de Zaqueo.

Sin mediar una acción intermedia, el evangelista nos ubica en la casa de Zaqueo, probablemente sentados a la mesa, como lo pide la hospitalidad oriental. En ese contexto, habla Zaqueo, presentando gestos de conversión y habla Jesús, quien declara la salvación de Zaqueo, concluyendo así el relato.

Palabras y gestos de conversión. Dice el texto: «Zaqueo, poniéndose de pie, dijo a Jesús: “Mira, Señor, voy a dar a los pobres la mitad de mis bienes, y si he defraudado a alguien, le restituiré cuatro veces más.» Zaqueo responde a la iniciativa de Jesús y a la murmuración de la multitud, declarando su intención de vivir una nueva vida. Una declaración de intención era un signo adecuado de arrepentimiento.

Las palabras de Zaqueo denotan gratitud hacia Jesús por su actitud misericordiosa hacia él. Zaqueo recibió la salvación que Jesús le ofrecía y se verifica en él un cambio de vida; el perdón recibido es fuente de un amor desbordante, que se manifiesta en la confesión de fe, en la solidaridad con los pobres y la restauración de la justicia.

  • Confesión de fe: Zaqueo se pone de pie y hace una confesión de fe dirigiéndose a Jesús llamándolo «Señor»;
  • Solidaridad con los pobres: Zaqueo ofrece la mitad de sus bienes para los pobres, excediendo lo que la ley requería al respecto que era el 20% de las posesiones o de los ingresos; Zaqueo de egoísta ha pasado a ser solidario.
  • Restauración de la justicia. Además, Zaqueo restablece la justicia, indemnizando a las personas a las que había perjudicado con sus transacciones; restituyendo cuatro veces más a quienes había defraudado; la ley normaba que la indemnización por robo fuera el cuádruplo (cf. Ex 21,37); al ofrecer esa indemnización Zaqueo reconocía su pecado.

Jesús declara la salvación de Zaqueo. Dice el texto: «Jesús le dijo: “Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque también él es hijo de Abraham, y el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que se había perdido» El relato termina con las palabras de Jesús que sintetizan todo lo que se ha vivido; Jesús primero se dirige a Zaqueo, y después habla en tercera persona, es decir, dirigiendo un mensaje para todos.

La salvación proclamada en el evangelio se ha presentado en la experiencia de Zaqueo. Se describen tres ámbitos: la persona de Zaqueo, la casa y el pueblo de Abraham que es el pueblo de los creyentes. Lo que Zaqueo ha vivido no lo afecta sólo a él; la salvación de la persona implica también a su entorno inmediato, que es el ámbito de las relaciones inmediatas, donde madura y se mide la capacidad de amar. Zaqueo, con todo y su oficio de publicano es un hijo de Dios, una oveja perdida del pueblo de Israel.

Jesús se presenta como como el Buen pastor. El título «Hijo del Hombre» referido habitualmente al Cristo sufriente en la pasión y en la cruz, está asociado a la manera como Jesús realizará la búsqueda del pecador. Jesús no ha venido a llamar a conversión a los justos, sino a los pecadores, por ello se pone a buscar a la oveja perdida, para ofrecerles, la salvación, pues la oveja perdida, descarriada, maltratada es más vulnerable.

La historia de Zaqueo y otras historias similares fueron sintetizadas por las primeras comunidades cristianas en la proclamación del kerigma, como dice la primera carta a Timoteo: «Jesucristo vino al mundo para salvar a los pecadores…» (1,15).

Conclusión

Este domingo el relato de la conversión de Zaqueo nos da la oportunidad de hacer una síntesis de la enseñanza que san Lucas nos vino entregando domingo a domingo a lo largo de este año litúrgico que comienza a declinar.

Los temas que se concentran en el relato que consideramos ofrecen amplias perspectivas para la experiencia del discipulado misionero, pues por un lado, deja conocer el itinerario espiritual de conversión en el que desemboca toda experiencia de la misericordia de Dios en el encuentro con Jesús; el perdón es fuente de amor desbordante que se manifiesta en signos concretos: la confesión de la fe, la solidaridad con los pobres y la restauración de la justicia.

Por otro lado, todo discípulo misionero sea pobre como el ciego de Jericó o rico como Zaqueo; proveniente de la periferia o del corazón de la ciudad, debe ser testigo del evangelio, mismo que debe comunicar con gestos y palabras; dado que el encuentro con Jesús ha obrado en él una transformación del corazón, le corresponde ahora propiciar a otros este encuentro y acompañarles con paciencia en su proceso de conversión.

Los próximos tres domingos, los últimos de este año litúrgico, san Lucas alentará nuestra esperanza, para que, con los pies bien puestos en la tierra, pongamos el corazón en el cielo.

 

 

[1] F. Oñoro, El encuentro de Jesús y Zaqueo. La recuperación y la salvación de la oveja perdida. Lucas 19, 1-10. CEBIPAL/CELAM

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