Ecos de la Palabra

Textos bíblicos, comentarios y reflexiones pastorales

El más pequeño entre todos ustedes, ése es el más grande

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Lunes de la XXVI semana

Textos

† Del evangelio según san Lucas (9, 46-50)

Un día, surgió entre los discípulos una discusión sobre quién era el más grande de ellos. Dándose cuenta Jesús de lo que estaban discutiendo, tomó a un niño, lo puso junto a sí y les dijo: “El que reciba a este niño en mi nombre, me recibe a mí; y el que me recibe a mí, recibe también al que me ha enviado. En realidad el más pequeño entre todos ustedes, ése es el más grande”.

Entonces, Juan le dijo: “Maestro, vimos a uno que estaba expulsando a los demonios en tu nombre; pero se lo prohibimos, porque no anda con nosotros”. Pero Jesús respondió: “No se lo prohíban, pues el que no está contra ustedes, está en favor de ustedes”. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje[1]

Jesús acaba de hablar, por segunda vez, de la cruz que le espera en Jerusalén. Hemos visto que los discípulos, una vez más, no han querido comprender las palabras de Jesús y tampoco han querido que Jesús arrojara luz sobre su ignorancia.

En realidad, no es que las palabras de Jesús no fueran claras. En este pasaje evangélico el evangelista Lucas revela cuál era la auténtica preocupación de los discípulos: quién de ellos debía ocupar el primer puesto. Es decir, se revelaba el primado de la posición de cada uno, de la carrera, en definitiva, del primer puesto que querían ocupar para dominar a los demás.

Podríamos decir que los discípulos -ellos sin duda, pero también nosotros- eran plenamente hijos de este mundo y de la mentalidad competitiva que regula las relaciones entre las personas. Es una costumbre que acompaña firmemente a todas las generaciones. Jesús vino a invertir esta manera de pensar «haciéndose obediente hasta la muerte y una muerte de cruz», escribe el apóstol Pablo (Flp 2, 8) y a instaurar relaciones de fraternidad y de servicio, no de competencia, entre los hombres.

Y para que los discípulos comprendieran bien su idea, Jesús tomó a un niño, lo puso a su lado, como si quisiera identificarlo consigo mismo. En el Reino de los Cielos, y por tanto en la comunidad de discípulos de Jesús, es mayor el que se hace pequeño, es decir, hijo del Evangelio, el que reconoce su debilidad y lo confía todo al Señor.

Aquel que vive con la confianza de un niño, aquel que se siente hijo de Dios, sabe escuchar su Palabra, tiene el mismo pensamiento de Dios y reconoce las cosas que vienen de Dios. Por eso -según las palabras que dijo Jesús- el discípulo reconoce el bien se haga donde se haga, aunque el que lo haga no forme parte del grupo de los discípulos.

A Juan y a todos los cristianos que quieren ignorar o, aún peor, impedir el bien porque no pertenecen al círculo de los discípulos, Jesús les repite: «No se lo prohíban, pues el que no está contra ustedes, está en favor de ustedes». Es una gran lección de sabiduría, también humana, que permite que los discípulos de Jesús sean capaces de reconocer la acción del Espíritu en la historia de los hombres.

 

[1] V. Paglia – Comunidad de Sant’Egidio, La palabra de Dios cada día, 2018, 365-366.

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