Ecos de la Palabra

Textos bíblicos, comentarios y reflexiones pastorales

Pero ellos no entendieron estas palabras

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Cruz 4 Tiempo Ordinario

Sábado de la XXV semana

Textos

† Del evangelio según san Lucas (9, 43-45)

En aquel tiempo, como todos comentaban, admirados, los prodigios que Jesús hacía, éste dijo a sus discípulos: “Presten mucha atención a lo que les voy a decir: El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres”.

Pero ellos no entendieron estas palabras, pues un velo les ocultaba su sentido y se las volvía incomprensibles. Y tenían miedo de preguntarle acerca de este asunto. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje[1]

El pasaje evangélico que hemos escuchado presenta el segundo anuncio de la pasión, muerte y resurrección. Jesús se ve como obligado a repetirlo. El momento de la muerte y resurrección representa su «hora», la hora de la gloria que pasa a través de la cruz. Pero a los discípulos les costaba mucho comprender aquel discurso.

Ellos, al igual que todos los judíos de aquel tiempo, no eran capaces de aceptar la figura de un Mesías como siervo y aún menos derrotado. Esperaban un Mesías vencedor al estilo del mundo, es decir, vencedor sobre los enemigos y liberador de Israel de la esclavitud de los enemigos. Esa concepción se vio corroborada por la curación de un joven que fue liberado de un espíritu demoníaco que lo poseía. El estupor que suscitó dicha curación hizo que Jesús reuniera a los discípulos para aclarar una vez más cuál era su camino. Y les insiste de nuevo: «Presten mucha atención a lo que les voy a decir: El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres».

«Ser entregado en manos de los hombres», en el lenguaje bíblico, significa la suerte dolorosa y cruel de una persona abandonada por Dios y que queda precisamente a merced del poder de los hombres y de su arbitrio. Efectivamente, eso es lo que pasará. Pero a pesar de tanta claridad los discípulos no comprenden.

Es una indicación que podemos aplicamos también a nosotros, que muchas veces, como los discípulos de entonces, estamos distantes de los pensamientos de Jesús, de sus preocupaciones y sobre todo de la idea que tenía de sí mismo y de su misión. No es que los discípulos no comprendan sus palabras, sino que corren el peligro de no entender la sustancia misma de su misión: que la salvación llega a través de su muerte.

Por otra parte, ¿cómo se puede aceptar un Mesías derrotado? Es un escándalo para los judíos y una locura para los gentiles, dirá el apóstol Pablo. Y también para nosotros, hoy, ese camino continúa siendo insensato. No obstante, la salvación nace de la cruz, el rescate de los hombres de la esclavitud del pecado viene de un amor sin límites. La salvación no se materializa en la fuerza ni en el poder humano, sino únicamente en el camino del amor por todos, un amor que llega incluso a dar la vida por los enemigos.

El evangelista destaca que los discípulos continúan sin entender las palabras de Jesús y se quedan en silencio, sin pedir más explicaciones. Es una actitud de dureza y de desconfianza. No aceptan su ignorancia y prefieren quedarse a oscuras. No obstante, Jesús no los abandona. Continúa instruyéndolos con la esperanza de que poco a poco comprendan el Evangelio. Hoy sucede lo mismo con nosotros, pero debemos dejamos guiar e instruir.

 

[1] V. Paglia – Comunidad de Sant’Egidio, La palabra de Dios cada día, 2018, 362-363.

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