Ecos de la Palabra

Textos bíblicos, comentarios y reflexiones pastorales

Mi madre y mis hermanos son quienes escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica

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parientes de jesus

Tiempo Ordinario

Martes de la XXV semana

Textos

† Del evangelio según san Lucas (8, 19-21)

En aquel tiempo, fueron a ver a Jesús su madre y sus parientes, pero no podían llegar hasta donde él estaba porque había mucha gente. Entonces alguien le fue a decir: “Tu madre y tus hermanos están allá afuera y quieren verte”. Pero él respondió: “Mi madre y mis hermanos son aquellos que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica”. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje[1]

El evangelista Lucas coloca este episodio inmediatamente después de la parábola del sembrador y de la lámpara que debe brillar. Y no lo hace por casualidad . Quiere subrayar que es fundamental escuchar la Palabra de Dios en la vida de la Iglesia y de toda comunidad cristiana.

La familia de Jesús está formada por aquellos que lo escuchan e intentan poner en práctica su palabra. Podríamos decir que es una familia alternativa, no porque se oponga a los vínculos de sangre, sino porque pone como base de todos los vínculos el que tenemos con Jesús, que hace más firmes y fuertes todos los demás vínculos.

Lucas explica que los familiares de Jesús, tal vez para apartarlo de la vida que había emprendido que provocaba no pocos inconvenientes a todos sus parientes, deciden intentar disuadirle de sus intenciones o, al menos, frenar su actividad. Cuando llegan al lugar donde se encontraba Jesús, ven que está rodeado de tanta gente que no pueden acercarse hasta él.

Jesús, tras ser advertido de la presencia de sus parientes, responde que su verdadera familia está formada por aquellos que están dentro, a su alrededor, para escucharlo. Aquel que está «fuera», aunque sea pariente camal, no forma parte de su familia. El Evangelio, de hecho, crea una nueva familia que no está hecha de lazos naturales, sino por los lazos más firmes que son fruto de la acción del Espíritu.

Para ser partícipes de esta familia se requiere escuchar el Evangelio y comprometerse a ponerlo en práctica. María, la madre de Jesús, es el ejemplo para todos. Ella fue la primera que creyó en la Palabra de Dios que el ángel le había comunicado, como recuerda Lucas: «Hágase en mí según tu palabra». No hay aquí desprecio alguno por los lazos familiares. Al contrario, la presencia de María demuestra que la fe -la fe que ella tenía por su hijo- enriquece los lazos carnales, incluidos, evidentemente, los familiares.

Isabel, conociendo la fe de María, pronuncia sobre ella la primera bienaventuranza el Evangelio: «Dichosa tú que has creído porque se cumplirían las promesas del Señor». María es la primera de los creyentes y también la madre de la Iglesia, como la llamó Pablo VI durante los trabajos del Concilio Vaticano II.

Esta página evangélica nos recuerda la dimensión familiar de la salvación. Sí, el Señor no salva individualmente a las personas, sino reuniéndolas en una única familia, la de los discípulos que escuchan su Palabra. (Paglia, p. 358-359)

 

[1] V. Paglia – Comunidad de Sant’Egidio, La palabra de Dios cada día, 2018, 358-359.

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