Ecos de la Palabra

Textos bíblicos, comentarios y reflexiones pastorales

Nadie enciende una vela y la tapa o la esconde… la pone en un candelero

0
lampara encendida 2Tiempo Ordinario

Lunes de la XXV semana

Textos 

† Del evangelio según san Lucas (8, 16-18)

En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud: “Nadie enciende una vela y la tapa con alguna vasija o la esconde debajo de la cama, sino que la pone en un candelero, para que los que entren puedan ver la luz. Porque nada hay oculto que no llegue a descubrirse, nada secreto que no llegue a saberse o a hacerse público.

Fíjense, pues, si están entendiendo bien, porque al que tiene se le dará más; pero al que no tiene se le quitará aun aquello que cree tener”. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

Descargar los textos en PDF

Mensaje[1]

Jesús explica el misterio de la Palabra de Dios con el ejemplo de la lámpara. Del mismo modo que la luz de la lámpara no tiene la tarea de iluminarse a ella misma sino todo cuanto le rodea, también la Palabra de Dios debe iluminar a todos los hombres y mujeres. Nadie debe quedar a oscuras, todos tienen derecho a la luz.

Los creyentes están llamados a enseñar a los hombres y a las mujeres de todas las generaciones la luz de Dios. Por eso los cristianos no pueden vivir para sí mismos sino para manifestar a todos los hombres, en todo el mundo, en cualquier época, la luz del Evangelio. Dice Jesús: «Nadie enciende una vela y la tapa con alguna vasija o la esconde debajo de la cama, sino que la pone en un candelero, para que los que entren puedan ver la luz».

Nosotros hemos recibido el Evangelio para mostrarlo a los hombres y mujeres de nuestra ciudad. Cada comunidad, cada creyente, puede compararse con aquella lámpara de la que habla Jesús y que hay que poner en el candelabro para que haga brillar la luz del Evangelio.

Al creyente se le pide que manifieste la Palabra del Señor, y no la suya. Por eso -destaca Jesús- el discípulo está llamado ante todo a acoger la Palabra de Dios en su corazón: «fíjense, pues, si están entendiendo bien». Aquel que no escucha no puede transmitir nada de Dios y se transmite solo a sí mismo. Pero entonces será como una luz apagada y sin vida.

Aquel que deja que la Palabra de Dios forje su corazón tendrá el corazón lleno de sabiduría divina y dará frutos buenos para sí mismo y para los demás. Ese es el sentido de las palabras de Jesús: «al que tiene se le dará más», es decir, aquel que acoge el Evangelio en su corazón recibirá una sabiduría abundante.

Gregorio Magno decía: «las Escrituras crecen con quien las lee», uniendo así el crecimiento interior del discípulo con la asiduidad atenta a las Escrituras. No sucederá lo mismo con quien tiene el corazón cerrado a la Palabra: permanecerá en la oscuridad porque en su interior solo está él mismo y su tristeza.

«Al que tiene se le dará más; pero al que no tiene se le quitará aun aquello que cree tener». Sí, el que no presta atención a la palabra evangélica, sentirá que se cierra cada vez más su corazón y vivirá sin la luz. En cambio, si acogemos la Palabra de Dios en nuestro corazón nos transforma y nos hace hombres y mujeres capaces de ofrecer una luz a quien vive en la oscuridad.

 

[1] V. Paglia – Comunidad de Sant’Egidio, La palabra de Dios cada día, 2018, 357-358.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: