Ecos de la Palabra

Textos bíblicos, comentarios y reflexiones pastorales

¿Puede acaso un ciego guiar a otro ciego?

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ciegosTiempo Ordinario

Viernes de la XXIII semana

Textos

† Del evangelio según san Lucas (6, 39-42)

En aquel tiempo, Jesús propuso a sus discípulos este ejemplo: “¿Puede acaso un ciego guiar a otro ciego?

¿No caerán los dos en un hoyo? El discípulo no es superior a su maestro; pero cuando termine su aprendizaje, será como su maestro.

¿Por qué ves la paja en el ojo de tu hermano y no la viga que llevas en el tuyo? ¿Cómo te atreves a decirle a tu hermano: ‘Déjame quitarte la paja que llevas en el ojo’, si no adviertes la viga que llevas en el tuyo?

¡Hipócrita! Saca primero la viga que llevas en tu ojo y entonces podrás ver, para sacar la paja del ojo de tu hermano”. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje[1]

Nos encontramos en presencia de tres dichos de Jesús de tipo parabólico, o sea, abiertos a diferentes aplicaciones.

El primero tiene que ver con los ciegos, que no pueden hacer de guías. Se trata de un proverbio profano que también está presente en Platón. En el contexto en el que fue pronunciado podría haber tenido la intención de poner en guardia a los que pretendían tener la verdad sin tomar en consideración la enseñanza de Jesús, luz que ilumina a todo hombre que viene a este mundo. Sin Jesús somos ciegos para las realidades decisivas.

El segundo dicho tiene que ver con la unicidad de Jesús como maestro. A él no debemos añadirle nada. El discípulo debe ahondar en la enseñanza del maestro, y sólo así será como él.

El tercero es la continuación y el ahondamiento en el «no juzgar para no ser juzgados», con el añadido de la invitación a la autocrítica a fin de evitar la hipocresía.

El discípulo debe llevar cuidado en mejorar él mismo antes de mejorar a los otros. La conversión primera es la personal, no la de los otros. Esta última también la podemos desear, pero después de haber pensado en nosotros mismos y de que nos hayamos preocupado de quitarnos las vigas de nuestros ojos.

 

[1] G. Zevini – P.G. Cabra – M. Montes, Lectio divina para cada día del año., XI, 285.

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