Ecos de la Palabra

Textos bíblicos, comentarios y reflexiones pastorales

El Hijo del hombre también es dueño del sábado

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cortando trigo 

Tiempo Ordinario

Sábado de la XXII semana

Textos

† Del evangelio según san Lucas (6, 1-5)

Un sábado, Jesús iba atravesando unos sembrados y sus discípulos arrancaban espigas al pasar, las restregaban entre las manos y se comían los granos, Entonces unos fariseos les dijeron: “¿Por qué hacen lo que está prohibido hacer en sábado?”

Jesús les respondió: “¿Acaso no han leído lo que hizo David una vez que tenían hambre él y sus hombres? Entró en el templo y tomando los panes sagrados, que sólo los sacerdotes podían comer, comió de ellos y les dio también a sus hombres”.

Y añadió: “El Hijo del hombre también es dueño del sábado”. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje[1]

La extensa lista de las prohibiciones relativas al reposo sabático incluía -y sigue incluyendo todavía hoy hasta la preparación de la comida, además del «trabajo de recogida» con el que se manchan los discípulos de Jesús.

A la pregunta de los maestros de la Ley y de los fariseos, que se atienen de manera escrupulosa al precepto de la Torá, Jesús responde remitiéndose al episodio narrado en el primer libro de Samuel (c. 21) a propósito del rey David y de sus compañeros. Sin embargo, con las palabras «el Hijo del hombre también es dueño del sábado» no pretende compararse Jesús tanto con el rey de Israel, heredero de las promesas, como con Dios mismo.

La ley correspondiente al sábado fue promulgada claramente, en efecto, por Yahvé y entregada a su pueblo en tablas de piedra en el Sinaí. Por otra parte, en el relato del Génesis, se presenta a Dios como el que «reposó el séptimo día», día consagrado por Él y bendecido (Gn 2,2ss). Puede decirse que el Dios de Israel es el «Dios del sábado» y que el sábado es el día de Dios. De este modo, Jesús se pone en el sitio de Dios, aunque la suya no es una usurpación ilícita: se pone en el sitio del Creador para completar su obra allí donde el hombre la había interrumpido alejándose con el pecado.

El Hijo ha venido, en efecto, a consolar, a sanar, a reconciliar. Ahora bien, lo que pertenece a Jesús se extiende también a los suyos: así sucede con la libertad respecto al precepto sabático y a toda ley cuando se opone al bien de la vida humana.

 

[1] G. Zevini – P.G. Cabra – M. Montes, Lectio divina para cada día del año., XI, 246-247.

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