Ecos de la Palabra

Textos bíblicos, comentarios y reflexiones pastorales

El vino nuevo hay que echarlo en odres nuevos

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odresTiempo Ordinario

Viernes de la XXII semana

Textos

† Del evangelio según san Lucas (5, 33-39)

En aquel tiempo, los fariseos y los escribas le preguntaron a Jesús: “¿Por qué los discípulos de Juan ayunan con frecuencia y hacen oración, igual que los discípulos de los fariseos, y los tuyos, en cambio, comen y beben?” Jesús les contestó: “¿Acaso pueden ustedes obligar a los invitados a una boda a que ayunen, mientras el esposo está con ellos? Vendrá un día en que les quiten al esposo, y entonces sí ayunarán”.

Les dijo también una parábola: “Nadie rompe un vestido nuevo para remendar uno viejo, porque echa a perder el nuevo, y al vestido viejo no le queda el remiendo del nuevo. Nadie echa vino nuevo en odres viejos, porque el vino nuevo revienta los odres y entonces el vino se tira y los odres se echan a perder. El vino nuevo hay que echarlo en odres nuevos y así se conservan el vino y los odres. Y nadie, acabando de beber un vino añejo, acepta uno nuevo, pues dice: ‘El añejo es mejor’ ”. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje[1]

Los fariseos van a encontrar a Jesús y alaban a los discípulos del Bautista, porque ayunan y recitan las oraciones pertinentes, mientras que los suyos aceptan invitaciones a comer sin preocuparse de las prácticas preceptivas. Jesús contesta con un breve ejemplo: «¿Acaso pueden ustedes obligar a los invitados a una boda a que ayunen, mientras el esposo está con ellos?».

Jesús compara sus días con una fiesta para el novio. Y, efectivamente, la presencia de Jesús en las ciudades y en los pueblos es una especie de fiesta, un clima nuevo de alegría y de esperanza que alcanza a todos, sobre todo a pobres, enfermos y pecadores. Jesús no ha venido a proponer un ideal ascético y un rigorismo en los comportamientos. Ha venido entre los hombres para salvar de la tristeza del pecado y para que podamos gozar la alegría de la curación y de la salvación.

También añade que «vendrá un día en que les quiten al esposo, y entonces sí ayunarán» -es la primera vez que el evangelista alude a la muerte violenta de Jesús- y entonces sus discípulos experimentarán momentos difíciles y dolorosos y ayunarán; no podrán hacer fiesta.

Y todavía añade dos imágenes más para ilustrar mejor lo que acaba de decir. Las dos imágenes ilustran con mucha eficacia la novedad del mensaje evangélico: el amor de Jesús no se puede reducir a esquemas ritualistas propios de fariseos ni tampoco a la actitud exterior de quien sigue prácticas rituales pero con el corazón lejos de Dios y de los demás porque no ve más allá de su propio yo.

El evangelio del amor tiene una fuerza tremenda que no pueden contener nuestros egocentrismos, nuestras perezas, nuestros esquemas puramente exteriores, nuestras fórmulas con las que a veces llegamos a contrarrestar el Espíritu. El don de Dios requiere siempre un corazón nuevo, es decir, un corazón que se convierte, una mente que escucha y se deja guiar por su Palabra . El apóstol Pablo – precisamente para vencer la tentación de no ir más allá de nuestras tradiciones- escribirá a los gálatas: «lo que cuenta es la creación nueva» (6, 15). De hombres nuevos nacerá un mundo nuevo.

 

[1] V. Paglia – Comunidad de Sant’Egidio, La palabra de Dios cada día, 2018, 338-339.

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