Ecos de la Palabra

Textos bíblicos, comentarios y reflexiones pastorales

¿Qué tendrá su palabra?

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expulsa demonio

Tiempo Ordinario

Martes de la XXII semana

Textos

† Del evangelio según san Lucas (4, 31-37)

En aquel tiempo, Jesús fue a Cafarnaúm, ciudad de Galilea, y los sábados enseñaba a la gente. Todos estaban asombrados de sus enseñanzas, porque hablaba con autoridad.

Había en la sinagoga un hombre que tenía un demonio inmundo y se puso a gritar muy fuerte: “¡Déjanos!

¿Por qué te metes con nosotros, Jesús nazareno? ¿Has venido a destruirnos? Sé que tú eres el Santo de Dios”.

Pero Jesús le ordenó: “Cállate y sal de ese hombre”. Entonces el demonio tiró al hombre por tierra, en medio de la gente, y salió de él sin hacerle daño.

Todos se espantaron y se decían unos a otros: “¿ Qué tendrá su palabra? Porque da órdenes con autoridad y fuerza a los espíritus inmundos y éstos se salen”. Y su fama se extendió por todos los lugares de la región. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje[1]

Jesús, tras ser expulsado de Nazaret, decide ir a Cafarnaún, una pequeña ciudad muy viva que se convierte en «su ciudad». Y precisamente allí reanuda su predicación. En un momento dado, un hombre poseído por un espíritu inmundo empezó a gritar: «¿Por qué te metes con nosotros, Jesús nazareno?». Jesús conminó al espíritu inmundo y al instante este abandonó al hombre. Todos, escribe Lucas, quedaron pasmados y se preguntaban quién era ese que hablaba con tal autoridad y que expulsaba malos espíritus.

No sabemos exactamente qué quería decir la narración evangélica cuando hablaba de estos espíritus; sea como sea, eran capaces de entrar en el hombre y perturbar sus funciones físicas y psíquicas. Los espíritus inmundos de los que habla el Evangelio no son espíritus extraños, ignotos; los conocemos bien y tal vez están presentes también entre nosotros. Se trata del espíritu de indiferencia, de maledicencia, de egoísmo; el espíritu de desconfiar de los demás; el espíritu del abuso, el odio y la venganza. ¡Y cuántos otros espíritus «inmundos» nos acompañan y echan a perder nuestra vida y las relaciones con los demás, dejándonos solos y tristes! La presencia del mal en la vida humana requiere la conversión del corazón.

Es del corazón de donde hay que alejar todo mal y de donde hay que expulsar los espíritus malignos. Es necesario el amor sin límites de Dios, al que nadie puede resistir. Jesús da a los discípulos aquel poder extraordinario del amor al que obedecen incluso los malos espíritus. Esa es la autoridad que Jesús ejercía con todos y que también dio a sus discípulos para que la ejercieran a lo largo de los siglos.

 

[1] V. Paglia – Comunidad de Sant’Egidio, La palabra de Dios cada día, 2018, 355.

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