Ecos de la Palabra

Textos bíblicos, comentarios y reflexiones pastorales

Cumplir con los detalles… ¡sin descuidar lo fundamental!

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Fariseos Tiempo Ordinario

Martes de la XXI semana

Textos

† Del evangelio según san Mateo (23, 23-26)

En aquel tiempo, Jesús dijo a los escribas y fariseos: “¡Ay de ustedes escribas y fariseos hipócritas, porque pagan el diezmo de la menta, del anís y del comino, pero descuidan lo más importante de la ley, que son la justicia, la misericordia y la fidelidad! Esto es lo que tenían que practicar, sin descuidar aquello.

¡Guías ciegos, que cuelan el mosquito, pero se tragan el camello! ¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que limpian por fuera los vasos y los platos, mientras que por dentro siguen sucios con su rapacidad y codicia! ¡Fariseo ciego!, limpia primero por dentro el vaso y así quedará también limpio por fuera”. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje[1]

En esta cuarta «invectiva» contra los escribas y fariseos, Jesús estigmatiza la hipocresía de pagar el diezmo destinado al mantenimiento del templo mientras se descuida la práctica de la justicia, la misericordia y la fe.

En el pasado la obligación de pagar se aplicaba solo a los tres productos más importantes de la tierra: el trigo, el vino y el aceite, así como sobre los primogénitos del ganado. Pero los fariseos, con su obsesión puntillosa por los preceptos, lo habían extendido también a los productos más insignificantes.

Jesús condena su atención por las minucias mientras que dejan de lado las prescripciones fundamentales, como, precisamente, la justicia, que es el respeto de la dignidad de toda persona; la misericordia, que es el amor por todos y especialmente por los más pobres; la fe, que es confiar la vida a Dios.

No se puede «colar el mosquito y tragarse el camello», dice Jesús. Hay aquí un reproche más al comportamiento de los fariseos. Estos invierten la indispensable relación entre el corazón y las obras, entre el interior y el exterior. Los creyentes no pueden vivir de manera separada, es decir, comportarse correctamente en algunas prácticas exteriores y tener el corazón putrefacto.

Resuena aquí la acusación que hace Jesús a aquellos que se comportan de ese modo, la acusación de ser sepulcros blanqueados. La vida brota del corazón del hombre. Toda la vida depende de cómo es el corazón. Si el amor moldea el corazón brotarán de este gestos de amor. Si, por el contrario, residen en el corazón la envidia, el rencor, el odio y el orgullo no tardarán en llegar los frutos amargos y malos para uno mismo y para los demás.

El creyente está llamado a hacer crecer en su interior al hombre, a la mujer interior. Y eso sucede en la oración, escuchando con atención y con frecuencia las Escrituras, practicando el amor hacia los más débiles. Lo que nos pide Jesús es que nuestro punto de partida sea un corazón en el que reside el amor de Dios. El camino del bien se elige en el corazón.  (Paglia, p. 328)

 

[1] V. Paglia – Comunidad de Sant’Egidio, La palabra de Dios cada día, 2018, 328.

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