Ecos de la Palabra

Textos bíblicos, comentarios y reflexiones pastorales

María, se sentó a los pies de Jesús y se puso a escuchar su palabra

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marta y mariaTiempo Ordinario

Domingo de la XVI semana

Textos

† Del evangelio según san Lucas (10, 38-42)

En aquel tiempo, entró Jesús en un poblado, y una mujer, llamada Marta, lo recibió en su casa. Ella tenía una hermana, llamada María, la cual se sentó a los pies de Jesús y se puso a escuchar su palabra. Marta, entre tanto, se afanaba en diversos quehaceres, hasta que, acercándose a Jesús, le dijo: “Señor, ¿no te has dado cuenta de que mi hermana me ha dejado sola con todo el quehacer? Dile que me ayude”.

El Señor le respondió: “Marta, Marta, muchas cosas te preocupan y te inquietan, siendo así que una sola es necesaria.

María escogió la mejor parte y nadie se la quitará”. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje[1]

Este Domingo, consideramos la segunda nota distintiva de los discípulos misioneros de Jesús que nos presenta san Lucas. La primera es la misericorida, el evangelio nos habló de ella el domingo pasado; la tercera es la oración y tendremos ocasión de considerarla el próximo domingo.

Antes de adentrarnos en los elementos que nos ayuden a una mejor comprensión de este texto bíblico es conveniente hacer una anotación.

Anotación

La intepretación de los textos bíblicos evoluciona con el paso del tiempo, es profundizada por los estudios de la sagrada escritura, que con nuevos descubrimientos arquelógicos o filológicos, llevan a nuevos planteamientos exegéticos y estos, a su vez piden renovar la interpretación de los textos. También la lectura que hacemos los creyentes a lo largo de la historia vierte sobre los textos categorías propias de cada contexto histórico que influyen en la inteligencia que logramos tener de los mismos.

El texto que leemos este domingo ha sido suceptible también de interpretaciones que hoy tendríamos que ser cuidadosos de proponer pues parcializan o deforman el mensaje; por eso, tan solo escuchar su proclamación del evangelio pensamos en dos formas distintas y excluyentes de vivir el compromiso cristiano, uno marcado por la oración y la contempación y el otro por el dinamismo del compromiso apostólico. Lo delicado sobreviene cuando se hace una valoración de estos estilos de vida e interpretando las palabras del evangelio «María escogió la mejor parte» se contraponen, definiendo que que la dedicación a las cosas espirituales es superior respecto al compromiso apostólico o misionero.

La lectura atenta del texto, pero sobre todo, el testimonio de Jesús, nos hace entender que no es la intención del Señor ni del evangelista definir dos estilos de vida cristiana, contrapuestos ni superior uno respecto del otro. La oración y la misión son distintivos escenciales de la vocación cristiana y confluyen en cada persona que es llamada y se decide a recorrer con Jesús el camino a Jerusalén. Nos encontramos pues ante un texto que de manera extraordinaria nos hace entender que el cristiano es discípulo misionero o no puede considerarse tal.

El texto

Contemplamos la visita de Jesús a la casa de Marta y de María y la distinta hospitalidad que estas hermanas le ofrecieron. No es seguro que se trate de las hermanas de Lázaro, pues estás vivían en Betania, que se localiza en Judea como nos dice el evangelio de Juan. En el texto que leemos, no se indica el lugar, pero por el itinerario que sigue Jesús en su camino a Jerusalén, sabemos que pasará por Betania sólo al final de su largo viaje.

El caso es que Jesús sigue su camino a Jerusalén, y al pasar por un poblado se detuvo en la casa de estas dos hermanas que eran conocidas suyas.

La hospitalidad: una actitud sacramental

Leemos en nuestro texto que «una mujer, llamada Marta, lo recibió en su casa». El nombre significa: “señora de la casa”, indica a una mujer cabeza de hogar, que tiene la autoridad de la casa. A Jesús se le dispensa la acogida de un huésped. La llegada del visitante altera el ritmo doméstico: se despliegan distintas energías para atenderle. Distinguimos dos modalidades en la hospitalidad, la de María y la de Marta.

La hospitalidad de María. La hermana de Marta dedica su tiempo a la persona de Jesús, «se sentó a los pies de Jesús y se puso a escuchar su palabra»; la imagen recuerda la posición de un discípulo con relación a su maestro; indica el interés por aprender recibiendo con docilidad la “Palabra”. En Lucas escuchar la “Palabra” indica la predicación y se refiere a la formación del discípulo. Es notorio que Jesús anime a una mujer a aprender. Los maestros de la ley juzgaban qe no correspondía a las mujeres profundizar en las enseñanzas de laley de Dios. Sin embargo, María con la complacencia de Jesús rompe esa norma, como reclamando su derecho a ser discípula, a conocer directamente de los labios de Jesús la buena nueva.

Con sus gestos y palabras, Jesús libera a la mujer de una concepción que la mantiene en una situación de segundo plano, confinándola a los quehaceres propios de una ama de casa; Jesús ve las cosas de manera distinta, en otro texto del mismo evangelista, se nos dice al hablar de los discípulos de Jesús que «lo acompañaban los doce y algunas mujeres» (8,2). Así, sin confrontarse con nadie, al permitir a María asumirse como discípula, presentó a la mujer una alternativa de igualdad, que todavía hoy, es una lección de profundas enseñanzas para la sociedad civil y para la Iglesia.

La hospitalidad de Marta. La anfitriona, en contraste con su hermana, «se afanaba en diversos quehaceres». Estaba afanada, atareada; así se describe a Marta, absorta en los oficios de la casa, concentrada en su deber de ama de casa. El texto parece indicar que Marta también quería escuchar a Jesús pero «los diversos quehaceres» de la hospitalidad se lo impedían. Los quehaceres son las tareas que son propias del servicio de la casa para la acogida del huésped, sobre todo el servicio de la mesa; en Lucas describen, de fondo, el servicio eclesial, que genera un gran desgaste en quienes se dedican a hacer el bien a los demás.

Marta es el prototipo de la persona atareada que siempre tiene mil cosas que hacer; que vive atrapada en sus tareas; que se desvive por atender, que se siente segura y en posesión de la verdad, pero es esclava de su propio estilo de vida, cerrado a la novedad y carente de alegría; tiene en casa a Jesús, que  anuncia una Buena Nueva, de bienaventuranza y alegría, pero ensimismada, afanada en sus quehaceres, no es capaz de descubrir la novedad que significa para su vida el camino del evangelio.

La hospitalidad: una actitud que tiene valor sacramental. Es un signo que hace visible la experiencia que ha tenido de Dios el hombre o la mujer que son hospitalarios, no consiste sólo en ofrecer hospedaje y alimentos, sino sobe todo en acoger al otro como hermano, prestar atención a su persona, a su historia, a sus necesidades, para ello es necesario escuchar, conversar, intercambiar opiniones, ayudarse y establecer lazos de auténtica amistad; cuando. esto sucede, la hospitalidad es en sí misma buena noticia, testimonio del evangelio.

Sin embargo, poco a poco los espacios donde vivimos se van convirtiendo en lugares inhóspitos; a las personas desconocidas no se les dispensa un trato humano, mucho menos fraterno; es cierto que el clima es de inseguridad, pero eso no justifica ver en cualquier persona ajena a nuestro pequeño mundo un potencial delincuente. Habría que cambiar las estrategias, y no caer en la tentación de hacer de nuestra casa un bunker inaccesible, madriguera donde reina el miedo sino una espacio confiable, seguro, donde lo menos que se hace es dispensar un sonrisa a quien pase por sus cercanías. El evangelio de este domingo se presenta como símbolo y paradigma de la hospitalidad cristiana.

El diálogo de Marta con Jesús

Marta protesta porque Maria la «ha dejado sola con todo el quehacer»; este reclamo suscita un diálogo entre Marta y Jesús, que al mismo tiempo que resuelve la crisis, ofrece una enseñanza central. Marta ha perdido la paciencia, pide la intervencion de Jesús para que haga a María colaborar con ella. Se dirige a Jesús como “Señor”, lo reconoce como Maestro.

Le hace una reclamación en forma de pregunta «¿no te has dado cuenta de que mi hermana me ha dejado sola con todo el quehacer?». El «no te ha dado cuenta» tiene una connotación de despecho, de quien reclama para si una mayor consideración, como si dijera ¿yo no te importo?

En seguida le da una orden: «dile que me ayude»; Marta le dice a Jesús que es lo que tiene que hacer, le indica indirectamente qué es lo que debe enseñar a su hermana María. Marta quiere honrar a Jesús, pero no lo deja ser su Maestro, por el contrario le indica con autoridad que intervenga, le dice incluso cómo, para resolver las situación.

Jesús responde; en su respuesta no fijamos en tres detalles. El primero: la llama por su nombre: «Marta, Marta»; la repetición del nombre indica que le habla con cariño, pero también con firmeza; la interpela desde el fondo de su identidad. Con sus palabras Jesús corregirá con suavidad la buena voluntad de Marta orientando el desgaste de sus energías en la dirección correcta.

El segundo: le hace caer en cuenta de su situación: «muchas cosas te preocupan y te inquietan». La referencia a la preocupación, describe un estado de ansiedad, de agitación interna que corta la respiración; esta actitud no corresponde a un discípulo que tiene experiencia de la providencia del Padre. Se trata de una situación de división interna, en la cual la atención de las tareas inmediatas para sobrevivir desvían el corazón de lo esencial: Dios Providente. La referencia a la inquietud, reafirma lo anterior, describe el nerviosismo externo, causado por la presión que somete al estrés y lleva a la tribulación, ésta se refleja finalmente en una actitud de fastidio.

El tercero; le da una lección: «… una sola es necesaria». No quiere decir que lo que Marta hacía no fuera importante, pero si señala que todo debe estar dentro de una jerarquía de valores.

La enseñanza de Jesús.

La situación en que se encuentra y el diálogo con Marta, ofrece a Jesús la oportunidad de enseñar cinco cosas importantes para quienes caminan con él.

  1. La tensión que vive Marta la debe enfocar de otra manera ¿qué es lo necesario? Marta debe pensar en lo que ella necesita no en las necesidades de Jesús; Él no vino a que le ofrecieran un banquete, vino a ser su Maestro, a prestar el servicio de la enseñanza y ella necesita de la “Palabra” del Maestro.
  2. Marta no se preguntó primero que era lo que quería Jesús. También a nosotros, muchas cosas nos preocupan y nos inquietan y nos desgastamos haciendo muchas cosas por los demás, pero pocas veces nos preguntamos qué es lo que los demás necesitan, cuáles son sus necesidades más profundas; si nos detenemos en esto, descubriremos que lo que las personas a las que servimos necesitan es que les prestemos atención, que les mostremos interés, que les demos tiempo de calidad.
  3. María «escogió la mejor parte», Marta no se la puede quitar, María entendió lo que dice el Salmo 16 “Señor, tú eres mi alegría y mi herencia“.
  4. El servicio y la escucha no se contraponen. La escucha de la Palabra llevaría a María a actuar. Recordemos que el mismo evangelio más delante dirá: «dichosos los que escuchan la Palabra de Dios y la ponen en práctica», y lo que dijo Jesús al doctor de la ley del domingo pasado: «vete y haz tú lo mismo»; y viceversa, el servicio de Marta será no lo que ella considere que debe hacer, sino la respuesta obediente a lo que el Señor quiere que haga. La escucha de la Palabra libera de la rigidez de quien cree tener el control de todas las cosas; la Palabra libera el corazón de la ansiedad.
  5. «Una sola [cosa] es necesaria». Jesús quiere educar a sus discípulos en la unidad de vida; ésta es signo de madurez y de consistencia personal. Las acciones, las actividades, los compromisos por causa de Jesús brotan de una única fuente: la Palabra, escuchada con reverencia, pone nuestra vida en sintonía con la de Jesús y orienta nuestros pasos por su camino que conduce a la plenitud de la vida en el Reino del Padre. Unificando la escucha de la Palabra y el servicio, el discípulo cumple un requisito fundamental: la dedicación total al Señor.

Conclusión

Necesitamos tiempos de calidad para el diálogo profundo con Dios, con nosotros mismos y con los hermanos. Necesitamos tiempos de calidad para poner la vida en orden, para reposar el corazón y reflexionar. Necesitamos tiempos de calidad para orar.

La parábola del Buen Samaritano nos enseñó que el amor se hace servicio a los hermanos;

¡Qué importante es servir! Nuestra vocación es el servicio pero también es la comunión con Dios; de ésta brota el servicio.

El evangelio no nos describe dos estilos de vida o dos vocaciones; la vida discipular tiene un doble ritmo: concentra y descentra; dicho con palabras del evangelio, el discípulo misionero tiene las manos de Marta y el corazón de María.

 

[1] F. Oñoro, A la escucha del Maestro; como discípulos sentados a sus pies. Lucas 10, 38-42, CELAM/CEBIPAL.  F. Ulibarri, Conocer, gustar y vivir la palabra, 270-273.

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