Ecos de la Palabra

Textos bíblicos, comentarios y reflexiones pastorales

Archivos Mensuales: mayo 2019

María se encaminó presurosa

0

visitacion La Visitación de la Virgen María

Textos

† Del evangelio según san Lucas (1, 39-56)

En aquellos días, María se encaminó presurosa a un pueblo de las montañas de Judea, y entrando en la casa de Zacarías, saludó a Isabel. En cuanto ésta oyó el saludo de María, la creatura saltó en su seno. Entonces Isabel quedó llena del Espíritu Santo, y levantando la voz, exclamó: “¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que la madre de mi Señor venga a verme? Apenas llegó tu saludo a mis oídos, el niño saltó de gozo en mi seno. Dichosa tú que has creído, porque se cumplirá cuanto te fue anunciado de parte del Señor”.

Entonces dijo María: “Mi alma glorifica al Señor y mi espíritu se llena de júbilo en Dios, mi salvador, porque puso sus ojos en la humildad de su esclava.

Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones, porque ha hecho en mí grandes cosas el que todo lo puede. Santo es su nombre y su misericordia llega de generación en generación a los que lo temen. Ha hecho sentir el poder de su brazo: dispersó a los de corazón altanero, destronó a los potentados y exaltó a los humildes. A los hambrientos los colmó de bienes y a los ricos los despidió sin nada.

Acordándose de su misericordia, vino en ayuda de Israel, su siervo, como lo había prometido a nuestros padres, a Abraham y a su descendencia, para siempre”.

María permaneció con Isabel unos tres meses, y se volvió a su casa. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

Descargar los textos en PDF

Mensaje[1]

El evangelio de hoy nos coloca ante dos cánticos inspirados que provienen respectivamente de dos mujeres, Isabel y María.

El cántico de Isabel

En sus palabras de felicitación, Isabel deja entender que hay una gloria de María que podemos ver con nuestros ojos sobre la tierra: Ella es la “Bendita entre todas las mujeres”, es la “Madre del Señor”, es la mujer “feliz”.  Y esta gloria brotó de la obra de Dios acogida en la buena tierra de su fe: “¡Dichosa tú que has creído, porque se cumplirá cuanto te fue anunciado de parte del Señor!” (1,45).

María alcanza esta “bienaventuranza” por el camino doloroso de la fe sostenida por la Palabra, así llega a la meta cierta que Isabel llama la “felicidad”, la plenitud de vida en el Señor.

Pero si es grande la gloria de María sobre la tierra, mayor es su gloria en el cielo. Como se ve en el texto, María no se quedó con la felicitación sino que enseguida la orientó hacia la alabanza de Dios. Por eso elevemos la mirada junto con María para cantar su Magníficat.

El Cántico de María

María acoge la bendición y la bienaventuranza que provienen de Isabel, no en su ego sino en el terreno fecundo de su corazón orante e improvisa un canto festivo, de alabanza, de exultación a Aquel que en ella ha hecho cosas verdaderamente maravillosas, cosas grandes.

En la medida en que se desarrolla su oración vemos cómo se va expresando la conciencia que tiene de la “gloria” que la habita y, al interior de su experiencia personal, de la gloria de Dios que quiere habitar a toda la humanidad. María hace de su cántico una escuela de alabanza y de compromiso en la cual también nosotros redescubrimos nuestra  sublime vocación.

Alabar y agradecer junto con María

Mi alma glorifica al Señor y mi espíritu se llena de júbilo en Dios, mi salvador

María ama a Dios con un amor grande y lo “glorifica”, es decir, quisiera que fuera reconocida y proclamada con la mayor intensidad posible su grandeza, porque Dios la ha llenado de su gracia y se ha inclinado hacia su humildad.

Lo hace “exultando de alegría”, esto es, cantando, danzando, alabando a Dios con todas sus fuerzas como su Señor y Salvador; canta en nombre de la humanidad con la voz de sus humildes que comprendieron que el “temor” agencia siempre la “misericordia” divina por por los caminos del pueblo en el cual Dios hace justicia.

El Magníficat es un cántico personal y al mismo tiempo es universal, cósmico. Es el cántico de todos los salvados que han creído en el cumplimiento de las promesas de Dios, o mejor, es el himno de todos los que se reconocen hijos del Padre.

 Profetizar el mundo nuevo junto con María

Qué fuertes se sienten hoy las palabras: “Exaltó a los humildes”.

La felicidad de María no es algo que se reserva para sí misma, es el preludio del gozo de la humanidad entera que se descubre transformada por la misericordia de Dios.

María ora a la manera de los grandes profetas, sólo que no lo hace con verbos en futuro sino en pasado: es tan grande su certeza en la misericordia de Dios que se expresa como si ya todo hubiera sucedido. Como los grandes profetas ella infunde esperanza portando en su corazón orante el mundo nuevo que se inaugura en la persona de Jesús.

Sorprende ver que no ignora los sufrimientos de la historia. De hecho, a ella le tocó vivir algunos de los días más oscuros y más negros de la historia humana. Con todo, con su finura espiritual tomó conciencia que aún en aquellos días Dios estaba muy cerca del sufrimiento de su pueblo, que le importaban nuestros dolores, que entraba bien dentro de nuestras llagas para confortarnos y para hacer de cada momento doloroso una posibilidad para ejercitar la solidaridad y el amor, para sacar del mal bien, para hacer de la cruz una resurrección.

Por eso, hay que leer la historia no solo desde su lado oscuro sino también desde su reverso, allí donde está oculto Dios, para que descubramos todos los gestos de amor que no tienen publicidad, a los que no se les hace prensa ni televisión, todos los gestos de amor de Dios y también de personas maravillosas que viven en este mundo que ante los desafíos de la vida irradian lo mejor que llevan dentro, su amor, su bondad, su deseo de construir la paz en todas las cosas.

 

[1] F. Oñoro. Lectio Divina Lucas 1. 39-56, CEBIPAL/CELAM.

Su tristeza se transformará en alegría

0

discipulos 2

Jueves de la VI semana de Pascua

Textos

† Del evangelio según san Juan (16, 16-20)

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Dentro de poco tiempo ya no me verán; y dentro de otro poco me volverán a ver”. Algunos de sus discípulos se preguntaban unos a otros: “¿Qué querrá decir con eso de que: ‘Dentro de poco tiempo ya no me verán, y dentro de otro poco me volverán a ver’, y con eso de que: ‘Me voy al Padre’?” Y se decían: “¿Qué significa ese ‘un poco’? No entendemos lo que quiere decir”.

Jesús comprendió que querían preguntarle algo y les dijo: “Están confundidos porque les he dicho: ‘Dentro de poco tiempo ya no me verán y dentro de otro poco me volverán a ver’. Les aseguro que ustedes llorarán y se entristecerán, mientras el mundo se alegrará. Ustedes estarán tristes, pero su tristeza se transformará en alegría”. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

Descargar los textos en PDF

Mensaje[1]

Jesús consuela a los suyos de la tristeza por su partida. Les asegura que esa tristeza durará poco: «Dentro de poco tiempo ya no me verán; y dentro de otro poco me volverán a ver». ¿Qué significan estas enigmáticas afirmaciones de Jesús? Se refiere a los dos tiempos a los que Jesús está a punto de dar cumplimiento. El primero se refiere a su vida terrena, que está a punto de acabar; el segundo se refiere a su vida gloriosa, inaugurada con la resurrección. Su retorno posterior no se limita a las apariciones pascuales, sino que se prolonga en el corazón de los creyentes mediante su presencia en ellos.

Las palabras del Maestro no son comprendidas por los discípulos, que se plantean varias preguntas. Jesús, que conoce a los suyos por dentro y los acontecimientos que les esperan, intenta remover, a partir de las preguntas que le plantean, su tristeza, infundiéndoles la confianza en él con una nueva revelación : «su tristeza se transformará en alegría».

La comunidad cristiana tendrá que hacer frente a todo un cúmulo de pruebas. Especialmente cuando le sea arrebatado el Esposo. Con su muerte, experimentará el llanto, la aflicción y el desconcierto, mientras que el mundo se sentirá alegre pensando que ha extirpado el mal. Estos momentos serán, para la comunidad, momentos de duda, de oscuridad y de silencio de Dios. Pero la historia se tomará su revancha y, cuando esto llegue, la comunidad de los discípulos experimentará el gozo. Jesús no habla de sus sufrimientos -y tenía motivos para ello-, sino que piensa en los suyos más que en él, como el buen pastor en su rebaño.

 

 

[1] G. Zevini – P.G. Cabra – M. Montes, Lectio divina para cada día del año., IV, 368-369.

Cuando venga el Espíritu de verdad…

0

trinidad

Miércoles VI de Pascua

Textos

† Del evangelio según san Juan (16, 12-15)

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Aún tengo muchas cosas que decirles, pero todavía no las pueden comprender. Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él los irá guiando hasta la verdad plena, porque no hablará por su cuenta, sino que dirá lo que haya oído y les anunciará las cosas que van a suceder.

El me glorificará, porque primero recibirá de mí lo que les vaya comunicando. Todo lo que tiene el Padre es mío.

Por eso he dicho que tomará de lo mío y se lo comunicará a ustedes”. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

Descargar los textos en PDF

Mensaje[1]

El Evangelio que hemos escuchado reproduce algunas de las palabras que Jesús dijo a los discípulos durante la última cena. ¡Cuántas cosas tenía que decirles antes de dejarlos! Y no le quedaba mucho tiempo. Y encima los discípulos no eran capaces de comprenderlas cabalmente.

Con todo, los tranquilizó: «cuando venga el Espíritu de verdad, él los irá guiando hasta la verdad plena, porque no hablará por su cuenta, sino que dirá lo que haya oído y les anunciará las cosas que van a suceder».

El Espíritu llevará a los discípulos hasta el corazón de Dios, el mundo de Dios, la vida de Dios, que es una vida de comunión de amor entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. El Dios de Jesús (¿cuántos cristianos creen realmente en este Dios?) no es no es una ente individual, aunque poderoso y majestuoso.

El Dios de Jesús es una «familia» de tres personas; y se podría decir que su unidad es fruto del amor que los une. Podríamos decir que se quieren tanto que son una sola cosa. Esta increíble «familia» entró en la historia de los hombres para llamarlos a todos a formar parte de ella. ¡Sí!

Todos son llamados a formar parte de esta singularísima «familia de Dios». Al principio y al final de la historia encontramos esta comunión del Padre, del Hijo y del Espíritu. El horizonte trinitario nos abraza a todos, no excluye a nadie. Por eso decimos que el «amor» es el mismo nombre de Dios y es la verdad profunda de la creación. Dicho horizonte «trinitario» es el desafio más apremiante al que debe hacer frente hoy la Iglesia, todas las Iglesias; más aún: todas las religiones y todos los hombres. Es el desafio de vivir el amor con todos, con los hombres y las mujeres, con todos los pueblos de la tierra. Sabiendo que donde hay amor, allí está Dios.

 

[1] V. Paglia – Comunidad de Sant’Egidio, La palabra de Dios cada día, 2019, 219.