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Vigilar el corazón

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Miércoles de la V semana

Textos

+ Del evangelio según san Marcos (7, 14-23)

En aquel tiempo, Jesús llamó de nuevo a la gente y les dijo: “Escúchenme todos y entiéndanme. Nada que entre de fuera puede manchar al hombre; lo que sí lo mancha es lo que sale de dentro”.

Cuando entró en una casa para alejarse de la muchedumbre, los discípulos le preguntaron qué quería decir aquella parábola. El les dijo: “¿Ustedes también son incapaces de comprender? ¿No entienden que nada de lo que entra en el hombre desde afuera puede contaminarlo, porque no entra en su corazón, sino en el vientre y después, sale del cuerpo?” Con estas palabras declaraba limpios todos los alimentos.

Luego agregó: “Lo que sí mancha al hombre es lo que sale de dentro; porque del corazón del hombre salen las intenciones malas, las fornicaciones, los robos, los homicidios, los adulterios, las codicias, las injusticias, los fraudes, el desenfreno, las envidias, la difamación, el orgullo y la frivolidad. Todas estas maldades salen de dentro y manchan al hombre”. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje[1]

Continúa la discusión sobre la impureza; el tema está ligado aún a la mesa: ¿es lícito tomar toda clase de alimentos o hay algunos que, al ser ingeridos por el hombre, pueden hacerle impuro? La disputa no es, después de todo, tan extravagante como parece, si la referimos a una cultura como la occidental de hoy, tan preocupada por la higiene, tan sensible a las preocupaciones dietéticas.

Jesús le da mayor profundidad al discurso, le da un giro radical: «nada de lo que entra en el hombre desde afuera puede contaminarlo». El peligro está dentro, no fuera; está en la pureza del corazón, no en la cualidad del alimento.

No sabemos si Jesús se inclina aquí a «declarar puros todos los alimentos», como señala el narrador; es evidente que es una conclusión extraída por el evangelista: De todos modos, tanto si abolió las normas de la pureza alimentaria como si las respetó, el Señor Jesús puso un principio inequívoco: «Lo que sí mancha al hombre es lo que sale de dentro».

Tenemos que vérnoslas de nuevo con una prioridad. La preocupación principal del hombre debe ser su pureza de sus intenciones, la bondad de su corazón, no la pureza de los alimentos que come. Eso no excluye que alguien pueda abstenerse también de ciertos alimentos por razones completamente respetables, «de conciencia», como enseña Pablo en 1 Cor 8. Quien come de todo no se contamina; quien no come determinados alimentos merece respeto. Pero tanto el uno como el otro deben vigilar sobre todo lo que sale de su corazón.

 

[1] G. Zevini – P.G. Cabra, Lectio divina para cada día del año. 9., p. 223-224.

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