Ecos de la Palabra

Textos bíblicos, comentarios y reflexiones pastorales

Cuantos lo tocaban quedaban curados

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tocar su manto.jpgTiempo Ordinario

Lunes de la V semana

Textos

+ Del evangelio según san Marcos (6, 53-56)

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos terminaron la travesía del lago y tocaron tierra en Genesaret. Apenas bajaron de la barca, la gente los reconoció y de toda aquella región acudían a él, a cualquier parte donde sabían que se encontraba, y le llevaban en camillas a los enfermos.

A dondequiera que llegaba, en los poblados, ciudades o caseríos, la gente le ponía a sus enfermos en la calle y le rogaba que por lo menos los dejara tocar la punta de su manto; y cuantos lo tocaban, quedaban curados. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje[1]

Jesús ha cruzado a la otra orilla alcanzando a los discípulos, arrastrados por las olas del lago de Galilea. Su presencia, como otras veces, calma el mar y el viento, como calma el corazón de cada uno de nosotros cuando está angustiado y prisionero de sí mismo.

Dice el Evangelio que apenas desembarcaron, «le reconocieron enseguida», y mucha gente se agolpaba en torno suyo llevándole a sus enfermos para que los curase. Todos confiaban en él, en su fuerza curativa: a muchos les bastaba incluso con tocar sólo la orla de su manto para curarse. Jesús no se sustraía a las demandas de la gente, no rechazaba a nadie. Es un estilo que interroga a cada uno de nosotros y a nuestras comunidades. ¿No deberíamos ser nosotros como la orla del manto del Señor, que los pobres y los enfermos pueden alcanzar y tocar con sus manos?

Es necesario que los débiles y los pobres puedan «tocar» fácilmente el «cuerpo de Cristo», que es precisamente la comunidad de los discípulos, y ser sanados y curados. Es más, una Iglesia sin pobres que acuden para ser ayudados, y sin enfermos que reciben consolación, está lejos del Evangelio.

Surge espontánea la pregunta sobre cómo gastamos la fuerza de curación y de salvación que el Señor ha puesto en nuestras manos. ¿No corremos el riesgo de ser unos avaros queriendo conservar lo que hemos recibido y deberíamos distribuir con generosidad a tantos que esperan curación y salvación?

Es cierto que en este tiempo muchos llaman a las puertas de la Iglesia, de la comunidad cristiana, y es urgente responder. Pero es también necesario salir, ir al encuentro de muchos que esperan. Es necesario que el talento de amor que el Señor nos ha donado no lo dejemos enterrado bajo la tierra de nuestro egocentrismo avaro, sino que sepamos multiplicarlo entregándolo

El papa Francisco invita a «tocar las llagas de Jesús tocando las de los pobres». A veces tenemos demasiado miedo, dominados por un falso respeto que nos hace duros  y se hacen raros en nostros los gestos de ternura, de amistad. Ciertamente hay una necesidad increíble de ternura, de compañía, de escucha, de acompañamiento. Dejemos que los demás lleguen a nosotros, que ocupen incluso nuestro tiempo, para que a través nuestro puedan encontrar la fuerza del amor de Jesús, que cura y salva.

 

 

[1] V. Paglia – Comunidad de Sant’Egidio, La palabra de Dios cada día, 2018, 88-89..

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