Ecos de la Palabra

Textos bíblicos, comentarios y reflexiones pastorales

La cruz de cada día

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cruz 5 de febrero

En México –  San Felipe de Jesús, mártir

Textos

+ Lectura del santo Evangelio según san Lucas (9, 23-26)
En aquel tiempo, Jesús le dijo a la multitud: “Si alguno quiere acompañarme, que no se busque a sí mismo, que tome su cruz de cada día y me siga. Pues el que quera conservar para sí mismo su vida la perderá; pero el que la pierda por mi causa, ése la encontrará. En efecto, ¿de qué le sirve al hombre ganar todo el mundo, si se pierde a sí mismo o se destruye?

Por otra parte, si alguien se avergüenza de mí y de mi doctrina, también el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando venga revestido de su gloria y de la del Padre  y de la gloria de los santos ángeles”. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje[1]

Jesús anuncia su pasión a los discípulos que, después de haberle dicho las opiniones de la gente, le declaran la propia fe, Jesús, por primera vez, les auncia la necesidad de su pasión. Es una enseñanza impartida a unos pocos, aparte. Sin embargo, a todos el Maestro les indica claramente qué camino se debe seguir, si se quiere ser de sus discípulos. Según la costumbre de la época, los que entraban a formar parte de la escuela de un rabbí le seguía detrás, siguiendo sus huellas. Es el camino de la abnegación cotidiana, superando el miedo a la ignominia, al sufrimiento y a la muerte. Jesús lo indica hablando de la cruz.

En la época de la dominación romana era frecuente el espectáculo de los condenados a muerte que transportaban el patibulum -o sea, el brazo transversal de la cruz- por las calles, desde el lugar de a condena al de la ejecución. Se trata, pues, de una imagen terriblemente realista: seguir a Cristo como discípulos es vivir como condenados a muerte por el mundo, dispuestos a afrontar cada día el desprecio de todos. Era lo característico de esta muerte concreta (la cruz, aceptada y llevada “cada día”) es conducirnos a la verdadera vida. «¿de qué le sirve a uno ganar el mundo entero si se pierde a si mismo

 

[1] G. Zevini – P.G. Cabra – J.L. Monge García, Lectio divina para cada día del año. 3., 26-27.

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