Ecos de la Palabra

Textos bíblicos, comentarios y reflexiones pastorales

Grandeza y pequeñez

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Juan el Bautista 2Jueves de la segunda semana de adviento

Textos

Del libro del profeta Isaías (41, 13-20)

Yo, el Señor, te tengo asido por la diestra y yo mismo soy el que te ayuda. No temas, gusanito de Jacob, descendiente de Israel, que soy yo, dice el Señor, el que te ayuda; tu redentor es el Dios de Israel.

Mira: te he convertido en rastrillo nuevo de dientes dobles; triturarás y pulverizarás los montes, convertirás en paja menuda las colinas. Las aventarás y se irán con el viento y el torbellino las dispersará.

Tú, en cambio, te regocijarás en el Señor, te gloriarás en el Dios de Israel. Los miserables y los pobres buscan agua, pero es en vano; tienen la lengua reseca por la sed. Pero yo, el Señor, les daré una respuesta; yo, el Dios de Israel, no los abandonaré.

Haré que broten ríos en las cumbres áridas y fuentes en medio de los valles; transformaré el desierto en estanque y el yermo, en manantiales. Pondré en el desierto cedros, acacias, mirtos y olivos; plantaré juncos en la estepa, cipreses, oyameles y olmos; para que todos vean y conozcan, adviertan y entiendan de una vez por todas, que es la mano del Señor la que hace esto, que es el Señor de Israel quien lo crea”. Palabra de Dios.

 

† Del evangelio según san Mateo (11, 11-15)

En aquel tiempo, Jesús dijo a la gente: “Yo les aseguro que no ha surgido entre los hijos de una mujer ninguno más grande que Juan el Bautista. Sin embargo, el más pequeño en el Reino de los cielos, es todavía más grande que él.

Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el Reino de los cielos exige esfuerzo, y los esforzados lo conquistarán. Porque todos los profetas y la ley profetizaron, hasta Juan; y si quieren creerlo, él es Elías, el que habría de venir. El que tenga oídos que oiga”. Palabra del Señor.

Voz: Marco Antonio Fernández Reyes
Fondo Musical: P. Martín Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje[1]

El tema de redención tiene especial relieve en la profecía del Segundo Isaías. En el contexto social del antiguo Israel se denomina “redentor”, al pariente que, por la afinidad de la sangre, rescata a su pariente (o también a la persona con quien se ha vinculado por un pacto) cuando éste ha sido hecho esclavo o tiene una propiedad enajenada para pagar deudas.

Dios ha prometido redimir a Israel, con quien se ha vinculado mediante un pacto y con quien tiene familiaridad -es su pueblo-. El profeta recuerda al pueblo que puede y debe contar con el Señor, que quiere salvarlo de los enemigos, quiere liberarlo y desea colmarlo de gozo y de favores. El pueblo no debe desesperarse por su pequeñez, su redentor es grande.

Mateo, después de la narración del envío a Jesús de algunos discípulos por parte del Bautista y la respuesta que llevan al profeta encarcelado, refiere también las palabras de Jesús a la multitud sobre Juan.  Jesús formula el mayor elogio exaltando su firmeza de fe y su grandeza moral hasta el punto de definirlo como el más grande entre los mortales , en quien tiene su culmen toda la historia de fe de Israel.

Quien sigue a Jesús entra en un orden nuevo de salvación, en la economía del reino donde el más pequeño goza de la incomparable dignidad de hijo de Dios, dignidad que sobrepasa incluso la enorme estatura moral de Juan y su altísimo papel de Precursor. La misión  de Juan el Bautista no se agota con anunciar al Mesías, prevé también una anticipación, en su persona, del destino doloroso del Mesías. De hecho, lo que sucederá a Juan demostrará lo agresivas que son las tentativas de los enemigos del Reino para que éste no cale en la vida humana.

En la pequeñez Dios hace obras grandes; la obra más grande es la de la redención, el rescate de quien ha perdido la libertad, porque ha permitido que su conciencia sea conquistada por el maligno enemigo o ha entregado su libertad a otra persona o realidad creada, dejando su vida a merced ajena, como hipotecada, y reducida al mínimo. En esa pequeñez Dios deja sentir su grandeza y para ello viene a nosotros como salvador y redentor.

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[1] Cfr. G. Zevini – P.G. Cabra, Lectio divina para cada día del año. Vol. 1, 132.133

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