Ecos de la Palabra

Textos bíblicos, comentarios y reflexiones pastorales

¡Vivamos el Adviento!

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AdvientoEspera_171115El próximo domingo iniciamos con el adviento un nuevo año litúrgico. Adviento, advenimiento, significa propiamente, traducido al pie de la letra, lo que vendrá.

El adviento es tiempo de esperanza. El año litúrgico inicia con la proclamación de la fidelidad de Dios, que se cumple en la historia, una historia que no nos es ajena, que también es nuestra y de la que ahora somos protagonistas. La fidelidad de Dios abre en el horizonte de nuestras vidas la oportunidad de comenzar de nuevo, de ubicarnos en el contexto de la nueva creación, que se recrea para nosotros cuando permitimos que la Palabra, el Verbo de Dios, que existe desde el principio, se pronuncie sobre nuestras vidas.

El P. Karl Rahner [1], nos ayuda a entender cómo el adviento nos ofrece la oportunidad de situarnos en el tiempo, en nuestro tiempo y en el tiempo de Dios, pues encierra “la noción de presente y de futuro, de ser y de falta de ser, de posesión y de espera.” Así, celebramos la memoria de la encarnación del Hijo de Dios, que ya ha acontecido, que permanece y que acontece, como juicio y salvación definitiva.

La liturgia del adviento nos ayuda a interiorizar toda la historia de la salvación: la espera del pasado, de los padres que vivieron antes de Cristo, de la llegada de la salvación todavía escondida en Dios; el presente de la salvación que está sucediendo ya en el mundo, pero todavía oculta en Cristo, el futuro de la misma que ha de revelarse en la transformación del mundo.

El adviento nos sitúa al inicio de un camino de profundización de la fe; propicio para que nos hagamos con seriedad la pregunta acerca de Dios que es promesa, realización y espera y que nos permite por tanto,  habitar con gratitud el recuerdo; vivir con entusiasmo el hoy de nuestra historia y con esperanza el porvenir por incierto que parezca.

Aprovechar la oportunidad es tarea nuestra. La Palabra de Dios nos ilumina y nos orienta; lo demás, los signos, los gestos, las celebraciones, los encuentros, nos ayudan para contemplar en la oscuridad la luz de una estrella Vivamos el adviento y preparemos la Navidad. Hagamos el propósito de hacer un alto en la jornada para meditar la Palabra de Dios; demos sentido y hondura a los signos, a los gestos, y, sobre todo, a los encuentros y convivencias. Feliz adviento.

[1] K. Rahner, El Año litúrgico, 7-12.

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