Ecos de la Palabra

Textos bíblicos, comentarios y reflexiones pastorales

Esa pobre viuda… ha dado todo lo que tenía para vivir (Mc 12, 38-44)

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Domingo XXXII Tiempo ordinario

Estamos llegando al final del año litúrgico y comienza la conclusión del evangelio de Marcos que nos acompañó domingo a domingo durante este ciclo litúrgico.

En este evangelio la formación de los discípulos concluye con el llamado «discurso escatológico» que tiene la intención de llamar a quienes siguen al Señor a vivir en permanente vigilia, descubriendo los signos del resucitado en la historia.

La constante en esta sección es el llamado a la vigilancia. El preámbulo una instrucción a los discípulos a quienes coloca frente a tres personajes para que se evalúen y se pregunten en qué medida han alcanzado la estatura del discípulo del Reino, es decir, del discípulo que está en verdadera sintonía con el Hijo.

Los tres personajes son: los escribas –expertos en la Ley de Dios-, los ricos generosos y una viuda pobre. Tienen en común que se consagran a la causa de Dios. Los primeros con la enseñanza de la ley, los segundos con sus limosnas generosas para el sostenimiento del Templo y la viuda –sin el prestigio de los anteriores- que se da a si misma dando como ofrenda lo que tiene para vivir.

Los escribas

Sobre los primeros personajes, los escribas, hay una advertencia: ¡Cuídense! Con ella se invita al discípulo a mirar el comportamiento de los maestros de la ley, a reflexionar sobre él y distinguir el tipo de comportamiento que no corresponde a los valores del Reino, trabajando para evitarlo o, si es el caso, purificarlo.

El comportamiento de los escribas es descrito por el evangelista con cuatro actitudes: 1) la exhibición del ropaje considerado signo de nobleza; 2) la búsqueda de la honra debida a los maestros llamando la atención en los espacios públicos; 3) la búsqueda de los puestos de honor y 4) la apropiación del dinero de las viudas so pretexto de asistencia religiosa.

Con las tres primeras actitudes descritas, los escribas hacen valer “los derechos” que le corresponden a un Maestro de la Ley. Sin embargo, Jesús, al destacarlas, deja ver la motivaciones internas de quienes, estando al servicio de Dios, explotan su posición para propio provecho.

La cuarta actitud de los escribas describe un abuso inaceptable. Las viudas dependían de ellos para que les redactaran documentos, defendieran sus derechos de herencia frente a los hermanos o acreedores del difunto esposo o incluso frente a los hijos que reclamaran anticipadamente la herencia; los escribas, aprovechándose de la situación, terminaban por quedarse con parte de la herencia que tenían la oblación de defender. Este exceso los hace acreedores de «una sentencia más rigurosa».

Los ricos generosos

En el Templo de Jerusalén, en el llamado «atrio de las mujeres« se localizaba el «arca del Templo» con sus trece recipientes de bronce para recibir dinero para diferentes propósitos.

Jesús, cuidadoso observador, «miraba cómo echaba la gente» sus limosnas en las alcancías. Para el Maestro no pasa desapercibido que «muchos ricos echaban mucho»  el evangelista lo destaca como haciendo notar que el gesto de unos se diluía el gesto de los otros, en contraste, lo que no diluye es el gesto de una viuda pobre, que llama la atención al depositar su pobre donativo sin tanto estruendo.

La generosidad de los ricos un signo elocuente de su religiosidad al consagrar a Dios parte de sus riquezas, sin embargo, Jesús destaca que «dan de lo que les sobra», es decir, que dan sin ver alterada su vida y su riqueza.

La viuda pobre

El tercero de los personajes es la viuda pobre. Jesús pone a los discípulos frente al testimonio de esta mujer que sólo «echó dos moneditas» en la alcancía del Templo. Un donativo insignificante, contrastante con lo mucho que daban los muchos ricos que llevaban su ofrenda al Templo. Para Jesús este gesto reviste un gran valor; el Señor ve lo que no es notable a simple vista: la proporción de la ofrenda en relación a lo que cada uno tiene, en otras palabras la mayor o menor capacidad de dar.

En relación a la viuda Jesús puntualiza que dio: «todo lo que necesitaba», «todo cuanto poseía», «todo lo que tenía para vivir». En otras palabras, se dio a si misma.

Mientras la viuda dio «lo que necesitaba» los ricos daban «lo que les sobraba». La capacidad de dar no se mide por la cantidad que se entrega, sino por lo que no se entrega. Por eso la viuda dio más que ninguno, porque «dio todo lo que tenía para vivir», sin reservarse nada par así.

Con su gesto la viuda hace un verdadero acto de culto entregando su propia vida como ofrenda. Con ello expresa su confianza en Dios, entregándole todo, para hacer depender su vida, de manera radical, absoluta e íntegra de Él, de la misma manera como lo hizo Jesús, «el Hijo» durante toda su vida y particularmente en la Cruz.

La enseñanza para el discípulo es clara. Seguir a Jesús implica hacer a un lado las apariencias actuando de manera ostentosa para ser vistos presumiendo una visible religiosidad. El Señor ve la intención del corazón que se manifiesta en los gestos y en las actitudes de la vida ordinaria. Dios no nos pide que le demos lo que nos sobra, el único culto que le es agradable es el que hacemos de nosotros mismos, al entregarle todo lo que tenemos para vivir, es decir, nuestra propia vida.

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