Ecos de la Palabra

Textos bíblicos, comentarios y reflexiones pastorales

“… No temas, basta que tengas fe” (Mc, 5-21-43)

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XIII Domingo Tiempo Ordinario

La Palabra este domingo nos propone una perspectiva general sobre la vida y la muerte, sobre el bien y el mal que se concretan en el evangelio que presenta a Jesús como fuente de vida y en la epístola que se refiere a la colecta promovida por Pablo a favor de los pobres de la Iglesia de Jerusalén.

La afirmación del libro de la Sabiduría es contundente. «Dios no hizo la muerte, ni se recrea en la destrucción de los vivientes».  Bastaría con detenernos en este afirmación para hacer una provechosa meditación que nos ayude a purificar nuestra idea de Dios. Creemos en el Dios de la vida y del amor. No podemos, ni siquiera por equivocación pedirle la destrucción de otros, pues quiere la salvación de todos. No podemos adjudicarle la muerte de nadie, pues nos ha hecho para la vida.

Del evangelio fijémonos en la audacia y en la fe de la mujer enferma. Ella conocía los límites en los que la ley la ponía impidiéndole, por su enfermedad, tocar a las personas. Sin embargo, «Oyó hablar de Jesús y, acercándose por detrás, entre la gente, le tocó el manto, pensando que con solo tocarle el vestido, curaría.»  Jesús no sólo se deja tocar, busca además hacer contacto personal con quien se le acerca con fe; en el caso de la hemorroísa la confirma en su fe y hace que se marche en paz, curada en lo físico y en lo espiritual.

Cuando parece que todo está perdido porque su hija ya había muerto, Jesús dice a Jairo «No temas, basta que tengas fe». Estas palabras son de suma importancia para nosotros. Cuando nos encontramos en dificultades, cuando parece que Dios calla o parece que se ha hecho ausente cuando no encontramos la solución de un problema, debemos escuchar a Jesús que nos dice «No temas, basta que tengas fe.» Los momentos difíciles son oportunidades para progresar en la fe y en la esperanza, no para renunciar a ellas.

Todos lo desaconsejan, sin embargo, Jesús sigue caminando hacia la casa de Jairo. Se encuentra con el alboroto que hacen quienes, según la costumbre del lugar, expresan su dolor y luto por la muerte de la niña. Jesús dice a la gente «¿A qué viene este alboroto y llanto?. La niña no está muerta, está dormida» Para Jesús la muerte es como un sueño y se revela como aquél que es capaz de despertar de este sueño. Jesús es Señor de la Vida y quiere que nosotros con Él participemos de la vida plena.

Tener fe y comprometernos con la vida. En la religiosidad de nuestro pueblo es común la práctica de desplazarse para ir a lugares en donde se veneran imágenes famosas para pedir un milagro. En la desesperación del dolor y de la enfermedad, muchos quieren tocar las imágenes sagradas o sus reliquias con la esperanza de que al hacerlo el milagro se realice. No cabe duda son signos y gestos que manifiestan una fe genuina que sin embargo, debe todavía comprenderse mejor y profundizarse más.

Jesús no sólo quiere que lo toquen, quiere hacer contacto con nosotros, mirarnos, tocarnos y devolvernos la salud física y espiritual. El auténtico peregrino es el que camina, busca y encuentra, pero también se deja buscar y encontrar por Jesús y su Palabra. Para Él los gestos de nuestra fe sencilla no son indiferentes, pero no hace milagros cuando lo que encuentra es nuestra indiferencia.

La segunda lectura nos recuerda la invitación de Pablo a los corintios a ser generosos participando en la colecta organizada a favor de los pobres de la Iglesia de Jerusalén. «Distínganse también ahora por su generosidad…  No se trata de que los demás viva tranquilos, mientras ustedes están sufriendo. Se trata, más bien, de aplicar durante nuestra vida una medida justa; porque entonces la abundancia de ustedes remediara las carencias de ellos, y ellos, por su parte, los socorrerán a ustedes en sus necesidades.»

En este texto encontramos cómo la solidaridad es y debe ser un gesto espontáneo entre las personas y las comunidades de fe. El más terrible flagelo de nuestra patria es la pobreza y la desigualdad ¡Los pobres no pueden esperar!. La solidaridad, es decir,  la conciencia de ser responsables de los demás,  el distintivo de la caridad y el compromiso con los deberes de justicia, son las virtudes con que las y los ciudadanos cristianos podemos y debemos participar en la vida pública.

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