Ecos de la Palabra

Textos bíblicos, comentarios y reflexiones pastorales

Su nombre es Juan… (Lc 1, 57-66)

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La Natividad de San Juan Bautista

Este domingo la secuencia litúrgica dominical del tiempo ordinario se interrumpe para dar paso a la celebración de la solemnidad de la Natividad de San Juan Bautista.

La primera lectura tomada del libro de Isaías presente el segundo cántico del Siervo de Yahvé. Es un texto vocacional, de llamada, de elección desde el seno materno para una misión profética.

Los profetas no se improvisan, ni se fabrican. Dios los elige y los forma. La vocación profética tiene como condición básica que el elegido esté en sintonía con Dios que es quien llama, impulsa y encomienda una misión trascendente que lleva al elegido a romper barreras, a salirse de los esquemas, a ser diferente al común y trascender, precisamente porque desde el «seno materno» Dios lo ha llamado.

La llamada del profeta es a la predicación, a ser hombre de la Palabra que debe ser como «espada afilada», una Palabra que no tiene límites, que es como el viento y que siempre tiene el impulso del Espíritu. La misión que se confía es universal. El profeta está llamado a ser “luz de las naciones”. No puede caprichosamente destinar los bienes que Dios le ha confiado a su grupo favorito, su misión es llevar al Dios vivo y verdadero a todos los pueblos, razas y caminos.

Juan el Bautista es un profeta.  Llama la atención que el texto evangélico mas que insistir en su nacimiento insiste en la imposición del nombre. Sabemos que el nombre es muy importante en la Biblia, pues indica un programa, un diseño de vida. Juan significa “Dios es propicio o Dios se ha apiadado” o bien, “Dios es misericordia”.

¡Juan es su nombre! indica que la vida de Juan estaría en manos de Dios y no de sus padres o de su familia. Según la tradición, Zacarías era de familia sacerdotal, y el futuro de este niño debería ser el mismo: servir al culto y el templo; era su derecho. Sin embargo este niño no será sacerdote, sino profeta.

La misión principal que emerge en la persona de Juan Bautista es ser precursor de Jesucristo. Su quehacer fue preparar los caminos al Señor y para ello desde el seno materno fue lleno del Espíritu Santo y, después, en el desierto se preparó mediante la oración y la penitencia.

Juan el Bautista preparó un pueblo bien dispuesto anunciando con fuerza la palabra de Dios, dando testimonio de ella con su vida e invitando a todos a volverse a Dios. Cumplió la misión que se le encomendó sin compromisos, ni miedo a represalias.

Juan sometió su vida al proyecto de Dios, sin jamás inclinarse ante los poderosos, pues fue enviado para destruir el mal y a edificar el bien. Juan, sostenido por Dios nunca fue una caña que se dejara doblar por la fuerza del viento.

El Bautista identificó a Jesús, lo bautizó e indicó quién era y cuál era su misión. «Éste es el cordero de Dios que quita el pecado del mundo» Después de cumplir su misión desaparece: «Él debe crecer, yo, por el contrario, disminuir» y rubrica la misión con su sangre, como profeta es testigo de la vida eterna porque tiene la certeza que Dios le hará justicia.

Que Dios nos conceda caminar por la senda abierta por Juan el Bautista, de manera que anclados en Jesús podamos ser testigos de la Buena Nueva que regenera y salva y así llegar por la senda del Evangelio a participar de la Vida plena.

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