Ecos de la Palabra

Textos bíblicos, comentarios y reflexiones pastorales

“… enseñaba como quien tiene autoridad˝ (Mc 1,22)

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IV Domingo. Tiempo Ordinario. Ciclo B

 Este Domingo el evangelista san Marcos nos ayuda a dar un paso en nuestra experiencia de Jesús. 

No como los escribas. Jesús acude a la Sinagoga y de acuerdo a la costumbre, participa comentando las Escrituras. La forma como lo hace deja sorprendidos a todos ˝pues enseñaba como quien tiene autoridad, no como los escribas.”

Los asistentes hacen una comparación entre Jesús y los rabinos. Los estudiosos de la Biblia nos explican que en aquel tiempo se llegaba a la categoría de rabino después de largos años de aprendizaje.  Su enseñanza versaba sobre leyes y costumbres. Repetían las enseñanzas de otros rabinos y terminaban por hacer muy difícil la fidelidad a Dios por el sinnúmero de prescripciones que hacían insufrible la religión.

Por contraste, Jesús no tenía esos estudios, no se le reconocía como Rabino, pero enseñaba de una manera singular y sorprendente, tocando el corazón de quienes lo escuchaban, haciéndoles sentir la cercanía y la misericordia de Dios.

Pero no se trataba sólo de la palabra, del tono o el gesto, sino también del estilo de vida. Lo podemos entender si recordamos lo que el mismo Jesús dice a sus discípulos al advertirles “cuídense de los escribas, que gustan pasear con amplio ropaje, ser saludados en las plazas, ocupar los primeros asientos en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; y que devoran la hacienda de las viudas con pretexto de largas oraciones…” (Mc 12, 38-40).

Enseñaba con autoridad. ¿Cuál fue el motivo de la sorpresa? En definitiva uno: «hasta a los espíritus inmundos les manda y lo obedecen»

Su palabra es eficaz y ante ella los espíritus inmundos no pueden más deshumanizar la vida de las personas haciéndolas perder el control sobre sus vidas, aislándolas de la comunidad, postrándolas en la enfermedad, provocándoles la sensación del olvido de Dios. Su palabra tiene eficacia en la vida, genera en quien la recibe otra manera de entenderse a si mismo, de comprender la existencia.

A diferencia de los rabinos Jesús no adoctrinaba imponiendo sobre las personas la carga pesada de incontables normas y preceptos. Con su vida y su palabra quiere animar a sus oyentes a tomar conciencia de la cercanía de Dios y de su amor misericordioso.

Llamados a ser testigos y profetas. Para Marcos, Jesús enseña con su vida y sus gestos a favor de los hombres y mujeres de su tiempo. Hoy como ayer, esta presentación de Jesús nos invita a asumir la responsabilidad de ser testigos creíbles, con la palabra y la vida, en medio de nuestro mundo.

El creyente debe tener confianza en que su vida es trasformadora. Y esa es una fuente también de realización personal a la vez que un preciado servicio a los hombres y mujeres que le rodean.

Como discípulos nuestra meta es identificarnos con Jesús. Por ello al contemplarlo revelándose como profeta entre la gente de su pueblo preguntémonos a que nos llama la Palabra este Domingo.

Sugiero tres ideas:

Nos llama a ser profetas, hombres y mujeres transformados por Dios, con la capacidad de hacer cercana su presencia y su amor misericordioso con las palabras y gestos de nuestra vida de cada día.

Nos llama a enfrentar, con la confianza puesta en Dios, la fuerza deshumanizadora del mal, del pecado, de la enfermedad y de la muerte. Así lo corrobora el evangelio en la escena del envío: “Estos son los signos que acompañarán a los que crean: en mi nombre expulsarán demonios…”.  (Mc 16,17)

Nos llama a revisar la consistencia de nuestra vida, la fuerza de nuestra palabra. Que terrible experiencia la de no tener credibilidad porque lo que decimos con los labios se desacredita con nuestra vida. Entre familias, amigos y comunidades es muy importante la autoridad moral, referencia silenciosa a la obra de Dios en la vida de quienes son sus testigos.

Terminemos recordando lo que constataba Pablo VI  hace casi 40 años en su exhortación apostólica Evangelii nuntiandi: El hombre de nuestro tiempo escucha más a gusto a los que dan testimonio que a los que enseñan; el mundo necesita testigos más que maestros.

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