Ecos de la Palabra

Textos bíblicos, comentarios y reflexiones pastorales

“… lo siguieron y se quedaron con El”

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discipuladoLos textos bíblicos de este Domingo tienen densidad vocacional. Nos ayudan a detenernos un poco a reflexionar en quién somos para el Señor y a qué nos llama.

Iniciamos con la vocación de Samuel. Dios siempre que proyecta alguna obra importante para la salvación de su pueblo elige al intermediario que la ha de llevar adelante en su nombre y le acompaña en múltiples experiencias que le dan una capacidad habitual de discernimiento para saber distinguir lo que viene de Dios.

Samuel responde al llamado gracias a la mediación de Elí, responde con total disponibilidad. Su respuesta es hoy la respuesta vocacional por excelencia: “Habla Señor, que tu siervo escucha….” Hoy también Dios llama colaboradores que quieran llevar adelante su proyecto de salvación sobre la humanidad y sigue siendo necesaria la mediación creíble de hombres y mujeres que enseñen a los más jóvenes a distinguir la voz de Dios.

Dios no llama en situaciones ideales, sino en contextos concretos, llenos de contradicciones y de dificultades en los que quiere hacer sentir su cercanía y su amor misericordioso a través de la respuesta fiel de las personas a las que llama.

Así lo vemos en la segunda lectura, en la exhortación de San Pablo a los Corintios: ¡Glorifiquen a Dios con sus cuerpos! Esta exhortación nos resulta más comprensible si situamos el mensaje de San Pablo en su contexto. En Corinto, ciudad portuaria, con un gran movimiento comercial, profusa movilidad humana y permisividad moral, comienzan a darse, en la comunidad cristiana, divisiones alarmantes, escándalos sumamente graves, ruptura del sentido comunitario, falta de solidaridad entre los hermanos y graves dudas sobre cuestiones fundamentales para la fe.

Una lectura, fuera de contexto, de este mensaje paulino encontraría en él la base para un moralismo rancio que a su vez justificaría a quienes sin más afirman que el cristianismo condenó la dimensión erótica del amor humano, por lo que la Iglesia, con sus preceptos y prohibiciones, convierte en amargo lo más hermoso de la vida.

En su encíclica Deus Caritas est,el Papa Benedicto XVI, nos invita a detenernos a reflexionar en la verdad del amor humano y del amor divino y nos ayuda, con la claridad de su pensamiento, a entender correctamente la dimensión erótica del amor humano. El cuerpo humano es constitutivo e inseparable de la persona humana integral. El amor erótico, que implica cercanía, ternura, corporalidad, forma parte de la humanidad querida por Dios, pero no lo es todo, cuando se le absolutiza, se erige en divinidad despiadada que esclaviza a las personas. Por ello debemos llevar la Buena Noticia de Jesús a todas las dimensiones de la vida. La redención de Cristo alcanza todos los rincones de la existencia, incluso aquellos que, por deformación de la conciencia o por conveniencia, solemos disociar de la vocación cristiana, como son los deseos y necesidades de nuestro cuerpo y la vivencia de la propia sexualidad.

El pasaje que hoy leemos en el evangelio es el de la llamada de los primeros discípulos. El evangelista ha puesto especial cuidado en presentarnos la lógica de la dinámica vocacional como una dinámica de encuentro vivo y profundo con Jesús y de proclamación de este encuentro a otros.

Dos discípulos, después de que han escuchado a su maestro Juan el Bautista referirse a Jesús con el mismo término que Isaías se refería al Mesías, se pusieron a seguirlo. Jesús al darse cuenta se vuelve hacia ellos y les pregunta ¿Qué buscan? Los discípulos de Juan no le preguntan por la casa donde vive sino por la realidad que ofrece a los hombres. Es como si le dijeran: ¿Cuál es tu mundo? ¿En qué universo te mueves? ¿qué pasa contigo?

La respuesta de Jesús es sencilla: vengan y experiméntenlo ustedes mismos. Así se puede entender el  verbo «ver». Los discípulos se pusieron en marcha para experimentar, observar y abrirse plenamente a Jesús. Fueron y se quedaron con Él aquel día, entraron en su mundo, compartieron su intimidad. El narrador observa que eran las cuatro de la tarde. Para los contemporáneos de Jesús un día se compone de tarde y mañana y no de mañana y tarde como para nosotros. Las mañanas del encuentro con los hombres han de ser precedidas por las tardes del encuentro con Jesús. No puede ser de otra manera para poder transmitir algo de valor a los hombres. Es necesario pasar de la experiencia personal, íntima, auténtica y transformadora al anuncio gratuito, convincente y generoso. Este es el paso que observamos en esta bella narración vocacional. Andrés anuncia discipuladoa su hermano Simón lo que ha visto y oído y lo llevó a Jesús.

El encuentro con Simón es descrito sobriamente. Jesús se le quedó mirando, lo reconoció y le cambió el nombre. El Señor nos trata de la misma forma; nos mira fijamente y con cariño porque no le somos indiferentes. Ser discípulo no es lo mismo que ser, como se dice ahora, “fans” de alguien, ni ser seguidor acrítico de un líder carismático. El camino del discipulado es el camino de una comunidad que vive y comparte con el Maestro su vida, enseñanza y misión.

El Señor nos reconoce porque somos significativos para Él, nos llama por nuestro nombre porque lo sabe, conoce nuestra historia, nuestras debilidades y nuestros miedos y aún así no duda en llamarnos y confiar en nosotros. Compartir la intimidad con Él, ver nuestra vida a la luz de la suya nos lleva a una comprensión más profunda de nosotros mismos, nos hace entender a qué nos llama Dios, es decir, nos hace tomar conciencia de nuestra vocación. Fue lo que le sucedió a Simón, su nuevo nombre lo abrió a una dimensión de su existencia que él desconocía, le hizo entender su misión en el plan de Dios para con los hombres.

Todos tenemos un nombre y una misión para la obra de Dios en el mundo, en el aquí y ahora de nuestra existencia. Descubrirlo es una de las mayores aventuras de amor que implica la vocación cristiana, que no es otra cosa que la llamada de Dios a la vida buena del evangelio, a la plenitud y gozo de todas las dimensiones de nuestra existencia.

 

3 pensamientos en ““… lo siguieron y se quedaron con El”

  1. F Hdez Mtz

    Gracias, me ayudó a comprender más el entorno del domingo y sobre todo la segunda lectura que el sábado por la noche se omitió de algún comentario en la homilía, que al escucharla me transportó a mis padres, tíos y abuelos.
    Felicidades.

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