Ecos de la Palabra

Textos bíblicos, comentarios y reflexiones pastorales

Pero Jesús les prohibía que lo manifestaran

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Jesús en la barca

Tiempo Ordinario

Jueves de la II semana

Textos

+ Del evangelio según san Marcos (3, 7-12)

En aquel tiempo, Jesús se retiró con sus discípulos a la orilla del mar, seguido por una muchedumbre de galileos. Una gran multitud, procedente de Judea y Jerusalén, de Idumea y Transjordania y de la parte de Tiro y Sidón, habiendo tenido noticias de lo que Jesús hacía, se trasladó a donde él estaba.

Entonces rogó Jesús a sus discípulos que le consiguieran una barca para subir en ella, porque era tanta la multitud, que estaba a punto de aplastarlo. En efecto, Jesús había curado a muchos, de manera que todos los que padecían algún mal, se le echaban encima para tocarlo. Cuando los poseídos por espíritus inmundos lo veían, se echaban a sus pies y gritaban: “Tú eres el Hijo de Dios”. Pero Jesús les prohibía que lo manifestaran. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje[1]

El texto se abre con uno de los llamados «resúmenes», esto es, una síntesis de muchos hechos. Estas conexiones son importantes porque el autor nos revela en ellas sus intenciones teológicas y nos ofrece la clave interpretativa del relato.

En este resumen vemos a una gran multitud que acude a Jesús. Éste se retira con los discípulos junto al mar. La multitud se le echa encima hasta el punto de poner en peligro la incolumidad de Jesús, lo que le obliga a pedir a los discípulos que pongan a su disposición una barca para liberarse del asalto del gentío.

Se trata de enfermos de todo tipo que se le echan literalmente encima, casi para arrancarle, tocándole, una energía benéfica y sanadora.

La fama de las curaciones que había realizado se había difundido rápidamente por las regiones que Marcos enumera al comienzo del relato. Es el mejor momento para que los espíritus inmundos pongan en escena una gran propaganda sobre Jesús: «Tú eres el Hijo de Dios», proclaman.

Es la verdad, pero anunciada de una manera que la hace vana. En efecto, Satanás quiere anticipar: la gloria de Jesús para hacerle evitar la cruz, que es lo único que la hace verdadera.

También Pedro, más tarde y por una amistad mal entendida, intentará ahorrar al Maestro la prueba suprema y recibirá una dura reprimenda. de Jesús: «¡Aléjate de mí, Satanás!» (cf. 8,31-33).

También cuando nosotros intentamos huir de la cruz servimos de obstáculo a la realización del designio divino de salvación. Ahora bien, Jesús quiere ser fiel al Padre, que le llama a convertirse en el Siervo de YHWH; por eso resiste con firmeza a los que le tientan y les impide manifestar su identidad. Y es que todo conocimiento de Jesús sin amor a la cruz se vuelve una mentira tergiversadora.

 

[1] G.Zevini– P.G.Cabra,Lectio divina para cada día del año. 9., 89.

¿Qué es lo que está permitido hacer en sábado, el bien o el mal?

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Curación en sabado
Tiempo Ordinario

Miércoles de la II semana

Textos

+ Del evangelio según san Marcos (3, 1-6)
En aquel tiempo, Jesús entró en la sinagoga, donde había un hombre que tenía tullida una mano. Los fariseos estaban espiando a Jesús para ver si curaba en sábado y poderlo acusar. Jesús le dijo al tullido: “Levántate y ponte allí en medio”.
Después les preguntó: “¿Qué es lo que está permitido hacer en sábado, el bien o el mal? ¿Se le puede salvar la vida a un hombre en sábado o hay que dejarlo morir?” Ellos se quedaron callados.
Entonces, mirándolos con ira y con tristeza, porque no querían entender, le dijo al hombre: “Extiende tu mano”. La extendió, y su mano quedó sana. Entonces se fueron los fariseos y comenzaron a hacer planes con los del partido de Herodes para matar a Jesús. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje [1]

Es sábado. Jesús entra en la sinagoga. Hay un hombre enfermo, pero, sobre todo, hay alguien que espera atrapar al Rabí en algún fallo.

El Maestro bueno que pasa haciendo el bien está siendo espiado en realidad por quienes desean desembarazarse de aquel incómodo personaje. Jesús advierte la hostilidad contra su persona -una. hostilidad enmascarada por el amor a la Ley de Dios- y les hace frente a rostro descubierto.

Hace poner en medio al hombre que tiene la mano atrofiada y lanza una pregunta a sus adversarios sobre la licitud de hacer el bien o el mal en sábado. Se produce un silencio muy elocuente después de su pregunta.

Jesús se apena, se indigna frente a la doblez y la dureza de corazón de los que buscan atrincherarse detrás de aquel silencio hostil. Jesús restablece la mano de aquel hombre: hace el bien a pesar de todo. Sabe que eso le costará la vida, pero ha venido precisamente para asumir nuestras durezas, nuestras flaquezas, nuestras lepras, y para quemarlas en el don supremo de un amor que no se detiene frente a ninguna ingratitud.

 

 

[1] G. Zevini– P.G.Cabra, Lectio divina para cada día del año. 9., 81.

El sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado

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espigandoTiempo Ordinario

Martes de la II semana

Textos 

+ Del evangelio según san Marcos (2, 23-28)

Un sábado Jesús iba caminando entre los sembrados, y sus discípulos comenzaron a arrancar espigas al pasar. Entonces los fariseos le preguntaron: “¿Por qué hacen tus discípulos algo que no está permitido hacer en sábado?” El les respondió: “¿No han leído acaso lo que hizo David una vez que tuvo necesidad y padecían hambre él y sus compañeros? Entró en la casa de Dios, en tiempos del sumo sacerdote Abiatar, comió de los panes sagrados, que sólo podían comer los sacerdotes, y les dio también a sus compañeros”. Luego añadió Jesús: “El sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado. Y el Hijo del hombre también es dueño del sábado”. Palabra del Señor.

 

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje[1]

Un nuevo ataque procedente de los fariseos, brinda a Jesús la ocasión .de proceder a otra revelación sobre su propia identidad. Esta vez el pretexto lo proporciona una acción realizada por los discípulos al pasar por un campo de espigas. Para calmar el hambre, frotan entre las manos las espigas maduras, y ese gesto es interpretado por los adversarios como una violación de la ley del sábado que prohibía la siega. Jesús replica, al modo de los rabinos, planteando una pregunta a quienes se erigían en paladines de la observancia de la Ley.

También David, en un momento de necesidad, sació su hambre y la de los suyos con los doce panes de la ofrenda -reservados a Aarón y a sus hijos- que todos los sábados eran «colocados ante la faz del Señor». Toda ley, hasta la más sagrada está, en efecto, en función del hombre y no al revés.

Pero hay más. Jesús, que camina por el sembrado con sus discípulos, es la realización de cuanto David y los suyos prefiguraban. Él es el Mesías esperado, el Señor hace gustar a cuantos le siguen el misterio y la alegría de aquel sábado sin ocaso en el que entrará todo el que se alimenta de él, pan vivo bajado del cielo para introducirnos también a nosotros en la plenitud de su descanso. Jesús no ha venido, en efecto, a abolir la ley, sino a llevarla a plenitud. Con él, en él y por él entramos en el verdadero sábado.

[1]G.Zevini– P.G.Cabra,Lectio divina para cada día del año. 9., 73.