Ecos de la Palabra

Textos bíblicos, comentarios y reflexiones pastorales

Y por nuestra causa fue crucificado… y resucitó al tercer día

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Portada Folleto Semana Santa

Guía para las celebraciones de Semana Santa 2020

 

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Dichosos los que crean sin haber visto

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Tiempo Ordinario

Santo Tomás, Apóstol

Textos 

† Del evangelio según san Juan (20, 24-29)

Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús.  Y los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor.»  Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo.» A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos.  Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: «Paz a vosotros.»  Luego dijo a Tomás: «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.»  Contestó Tomás: «¡Señor mío y Dios mío!»  Jesús le dijo: «¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto.» Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje

Hoy celebramos la fiesta del apóstol Tomás. Es buena ocasión para tomar conciencia de que nuestra fe es apostólica; es decir, que está cimentada sobre la fe pascual de los Doce.

El camino de la fe de los apóstoles en los evangelios es modelo de nuestro camino de fe. En el evangelio de hoy, atentos a la experiencia del apóstol Tomás, aprendemos cómo un discípulo llega a la fe, aun en medio de la sombra de la duda.

Acerca de Tomás, el evangelista Juan nos da algunos detalles de su identidad: su nombre propio, su pertenencia al grupo de los Doce y el sobrenombre con el cual lo llamaban cariñosamente dentro de la comunidad: el Gemelo.

Tomás no es ningún desconocido, en el evangelio de Juan aparece en tres momentos clave: Primero, En el relato de la resurrección de Lázaro es Tomás quien lidera al grupo miedoso para que siga a Jesús hasta Jerusalén: “vayamos también nosotros a morir con Él”; segundo, en la cena de despedida, Tomás tomó la palabra en nombre de toda la comunidad para preguntarle al Maestro: “¿Si no sabemos a dónde vas, cómo podremos saber el camino?”, a lo cual Jesús le responde: “Yo soy el camino, la verdad y la vida” y, tercero, la aparición de Jesús resucitado el primer domingo después de la resurrección que es la escena que contemplamos hoy.

Tomás avanza en el camino de la fe pascual mediante el encuentro con Jesucristo resucitado. En estos encuentro, descubrimos cinco detalles que no podemos perder de vista. 1º. la iniciativa es de Jesús, la fe es un don que proviene de Él, de su voluntad de que lo encontremos; . Jesús aparece al octavo día de la resurrección; Jesús es el centro de la comunidad, se coloca en medio de ella; 4º: en la comunidad resuena el anuncio gozoso de la resurrección: «hemos visto al Señor»; la experiencia del resucitado se realiza en el contacto con su misma realidad de crucificado, pero las heridas ahora están sanas.

El camino de la fe de Tomás, quien pasa de incrédulo a creyente, expresándolo en la hermosa confesión de fe: “Señor mío y Dios mío”, debe movernos a revisar el camino de nuestra experiencia personal y comunitaria del Señor Jesús, a quien ya no vemos físicamente sino a quien hallamos precisamente como Señor Resucitado, a través de las mediaciones que el evangelio de hoy nos enseña.

Revivamos el evangelio y renovemos nuestra fe.

 

¿Por qué piensan mal en sus corazones?

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Tiempo Ordinario

Jueves de la XIII semana

Textos

† Del evangelio según san Mateo (9, 1-8)

En aquel tiempo, Jesús subió de nuevo a la barca, pasó a la otra orilla del lago y llegó a Cafarnaúm, su ciudad.

En esto, trajeron a donde él estaba a un paralítico postrado en una camilla. Viendo Jesús la fe de aquellos hombres, le dijo al paralítico: “Ten confianza, hijo. Se te perdonan tus pecados”.

Al oír esto, algunos escribas pensaron: “Este hombre está blasfemando”. Pero Jesús, conociendo sus pensamientos, les dijo: “¿Por qué piensan mal en sus corazones? ¿Qué es más fácil: decir ‘Se te perdonan tus pecados’, o decir ‘Levántate y anda’? Pues para que sepan que el Hijo del hombre tiene poder en la tierra para perdonar los pecados, —le dijo entonces al paralítico—: Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa”.

El se levantó y se fue a su casa. Al ver esto, la gente se llenó de temor y glorificó a Dios, que había dado tanto poder a los hombres. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje

En el evangelio de hoy contemplamos la curación de un paralítico. En el relato la curación se describe en dos niveles: el espiritual y el físico; se expresa en dos frases que Jesús dirige al hombre enfermo.

La primera frase “ten confianza, hijo. Se te perdonan tus pecados”, es una declaración; por el poder de la palabra de Jesús el hombre enfermo quedó perdonado.  La segunda, “Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa”, es una orden, que contiene tres imperativos que expresan el sentido y finalidad de la curación; ésta se expresa en términos de resurrección (levantarse) y de movimiento, ponerse en pie y caminar; es el movimiento de un hombre nuevo, cuya vida se ha renovado por la fuerza del evangelio de Jesús.

Aparecen en la escena los escribas que ven lo sucedido y en su pensamiento hacen una valoración negativa de las primeras palabras Jesús, calificándolas de blasfemia. Jesús «conociendo sus pensamientos», sale al frente de la crítica antes de continuar con el milagro. Los invita a revisar su actitud negativa: «¿Por qué piensan mal en sus corazones?» y enseguida va al núcleo del problema que es la relación entre la salud y el pecado.

Los escribas no reconocen la manifestación de Dios en Jesús, contrasta su falta de fe con la de los que le llevaron al paralítico. Jesus los confronta señalando el alcance de su poder: «pues para que sepan que el Hijo del hombre tiene poder en la tierra para perdonar los pecados» y les hace ver que la acción de Dios en la vida de una persona, abarca todas las dimensiones de su existencia.

Los milagros de Jesús no son simples favores para alivar los dolores de una enfermedad, significan la recuperación del hombre entero y por tanto la experiencia de una vida nueva, que se expresa en la reincorporación al seno familiar del que yacía imposbilitado para ser dueño de su propia vida.

Pero había otros testigos, gente que, al ver aquel milagro «se llenó de temor y glorificó a Dios», que fue capaz de ir más allá del milagro y de ver el misterio de Dios revelado en Jesús.

Una lectura o escucha atenta del texto nos permite descubrir cuatro actitudes en los personajes del evangelio: la del paralitico, la de  quienes lo llevan ante Jesus, la de los escribas y la de la gente del pueblo.  ¿Con cual de estas actitudes te identificas?

 

Dos endemoniados salieron de entre los sepulcros y fueron a su encuentro

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Tiempo Ordinario

Miércoles de la XIII semana

Textos

+ Del evangelio según san Mateo (8, 28-34)

En aquel tiempo, cuando Jesús desembarcó en la otra orilla del lago, en tierra de los gadarenos, dos endemoniados salieron de entre los sepulcros y fueron a su encuentro.

Eran tan feroces, que nadie se atrevía a pasar por aquel camino. Los endemoniados le gritaron a Jesús: “¿Qué quieres de nosotros, Hijo de Dios? ¿Acaso has venido hasta aquí para atormentarnos antes del tiempo señalado?” No lejos de ahí había una numerosa piara de cerdos que estaban comiendo.

Los demonios le suplicaron a Jesús: “Si vienes a echarnos fuera, mándanos entrar en esos cerdos”. El les respondió: “Está bien”.

Entonces los demonios salieron de los hombres, se metieron en los cerdos y toda la piara se precipitó en el lago por un despeñadero y los cerdos se ahogaron.

Los que cuidaban los cerdos huyeron hacia la ciudad a dar parte de todos aquellos acontecimientos y de lo sucedido a los endemoniados.

Entonces salió toda la gente de la ciudad al encuentro de Jesús, y al verlo, le suplicaron que se fuera de su territorio. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje[1]

La orilla oriental del mar de Galilea, a la que llega Jesús, limita con la región semipagana de las diez ciudades, conocida como Decápolis; una de esas ciudades es Garlara, pequeña localidad situada en una zona llena de cuevas.

Dos personas que no son dueñas de sus actos salen de una de aquellas cuevas y corren hacia Jesús. Puede parecer extraño, pero nuestras ciudades y pueblos se parecen a un conjunto de cuevas, oscuras, habitadas por hombres aislados, incapaces de dialogar, de encontrarse con los demás, de relacionarse.

No conocemos la historia de aquellos dos hombres. Jesús no los juzga y no tiene miedo de ellos, al contrario de los hombres, que con su actitud agudizan la penosa y violenta situación en la que viven aquellos que no son dueños de sus actos. ¡Cuántos espíritus de soledad y de división se convierten en auténticas patologías! Pensemos en el rencor que se transforma en odio; en la maledicencia, que siempre siembra división y nos hace mudos y sordos. La vida acaba siendo como aquellos desiertos espirituales y humanos en los que los hombres son incapaces de pensar en un futuro común.

Los dos hombres agreden a Jesús: «¿Qué tenemos nosotros contigo? », «¿Qué tienes tú que ver con nuestra vida?». El maestro sabe reconocer qué piden en realidad aquellos dos, entiende que están pidiendo ser liberados, aunque lo expresan de manera negativa. Jesús quiere que cada persona sea dueña de su vida y tiene el poder de expulsar los numerosos espíritus de división, realmente inmundos porque ofuscan nuestra humanidad y belleza. Los habitantes de la ciudad quedan atónitos por lo sucedido y, puesto que la piara tenía un elevado valor, invitan a Jesús a alejarse de aquel territorio.

Frente a los cambios que hay que hacer para disfrutar de una vida más digna -tal vez ese es el significado de la muerte de la piara de cerdos-, los hombres prefieren continuar la vida de siempre y sobre todo conservar sus cosas. El consumismo hace que muchas veces sea más importante poseer cosas que las personas; tener dinero, que hacer que quien había perdido el control de su vida lo recupere. Jesús dio a sus discípulos el poder de expulsar los espíritus de soledad del corazón de los hombres.

 

[1] V. Paglia – Comunidad de Sant’Egidio, La palabra de Dios cada día, 2018, 268-269.